La fachada de la casa conserva su forma original. Fotos: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

La fachada de la casa conserva su forma original. Fotos: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

El Hotel Mama Cuchara reúne historia y diseño

Redacción Construir (I)
construir@elcomercio.com

La tradicional Mama Cuchara, en la calle Rocafuerte del Centro Histórico de Quito, tiene una nueva propuesta hotelera, que muestra una arquitectura pensada en la fusión de estilos antiguos y modernos para crear ambientes ideales para el alojamiento de turistas.

Se trata del Hotel Mama Cuchara, que cuenta con 27 habitaciones divididas en cuatro categorías. Estas se diferencian por el tipo de amenidades con las que cuentan, indica Sebastián Vergara, gerente general de la cadena. De esto también dependen los costos de alojamiento, que llegan hasta los USD 500 la noche.

El diseño de este espacio, creado en una antigua casa del sector, se pensó alrededor de lo que correspondía al corazón de la vivienda, el patio central.

Andrea Vergara, arquitecta responsable del proyecto, explica que por ese motivo, al igual que en la antigua construcción, en el hotel, este sitio es un espacio principal, al que se le quiso dar valor y que da una sensación de acogida.

Las camas tienen espaldares tallados por artesanos.

Las camas tienen espaldares tallados por artesanos.

Este patio, un espacio comunal dentro del hotel, se encuentra cubierto por un domo que facilita la vista del cielo quiteño y permite la entrada de luz hacia todos los ambientes.

Desde este sitio se nota una interesante fusión de elementos de diferentes épocas. La estructura tradicional resalta en el espacio, junto con una iluminación cálida, obras de arte y mobiliario moderno.

Las obras de arte son un particular que destaca no solo en los espacios comunales, sino en cada rincón del hotel, incluidas las habitaciones. Esta es una característica de ArtHotels, la cadena a la que pertenece el Mama Cuchara.

María Alicia Donoso, quien también participó de la arquitectura del lugar, indica que esta fusión hace especial al concepto del hotel. “La idea es fusionar lo antiguo, lo contemporáneo y lo moderno. Lo antiguo da belleza por sus detalles, lo contemporáneo da comodidad y los materiales modernos dan flexibilidad. Los resultados son una casa-hotel-boutique, cómoda y con la tecnología necesaria en la actualidad”.

Desde el ‘rooftop’ hay una vista de 360 grados de Quito.

Desde el ‘rooftop’ hay una vista de 360 grados de Quito.

Acabados y materiales hacen parte de este objetivo. Los pisos de las áreas comunales son de mármol, al igual que las paredes y pisos de los baños.

En los dormitorios, para lograr la calidez necesaria, se colocó piso de ingeniería, que es de madera, instalado como flotante. También se utilizó vidrio para lograr transparencia.

“Además de jugar con estos materiales cálidos usamos elementos que dan vida al espacio como plantas y geranios, que son las flores tradicionales quiteña”, indica Vergara.

En el interior del hotel también destacan los vitrales de puertas y ventanas, los pasamanos de hierro forjado y la pileta del patio, denominada Vuelo de los cóndores, donde destaca la figura de esta ave, en una obra del artista ecuatoriano Mauricio Sánchez.

Las habitaciones de lujo cuentan con espacios de relax.

Las habitaciones de lujo cuentan con espacios de relax.

Los dormitorios hacen parte de este concepto. Allí se encuentra un diseño moderno, combinado con detalles como espaldares de cama tallados y obras del arte quiteño.

Junto con cada uno de estos componentes se encuentra la iluminación. Vergara comenta que se privilegió la entrada de luz natural, desde la que ingresa por el domo del patio central y las puertas y ventanas en todo el hotel hasta los nichos de luz en algunos baños.
“En el interior, esto se complementa con luces LED de tono cálido para ambientar”.

Donoso destaca el hecho de que todo lo que contiene el hotel en cuestión de mobiliario y acabados fue hecho por manos de artesanos ecuatorianos, desde las puertas y ventanas hasta el equipamiento.

El ‘rooftop’ ofrece una vista de 360° de la capital, desde lo más alto del domo. Allí, los huéspedes pueden degustar el menú del bar, cuyo nombre es El santo que da marido.