Un equipo de arquitectos de Ecuador y Argentina ensaya el uso alternativo de la planta. Foto: Cortesía.

Un equipo de arquitectos de Ecuador y Argentina ensaya el uso alternativo de la planta. Foto: Cortesía.

La fibra de totora también puede usarse en muros

José Luis Rosales.  Redactor 
(F-Contenido Intercultural)

La totora, que crece en los lagos andinos, podría ser un nuevo elemento de construcción de vivienda. Actualmente se utiliza en la elaboración de artículos ornamentales y muebles.

Esa es la propuesta del colectivo de Arquitectos Archquid, integrado por ecuatorianos y argentinos, que experimentaron en el diseño y construcción del proyecto denominado: Cubo de Totora.

La idea surgió tras la realización de un taller social: Totora, aprende, comparte, construye.
En la capacitación participaron estudiantes de arquitectura de las universidades Católica, de Ibarra, y Central del Ecuador, explica Andrés Fuentes, coordinador del proyecto.

La estructura que funciona como una vitrina fue uno de los atractivos para los asistentes en la conferencia Hábitat III, que se realizó en Quito.

En la figura, instalada en la plaza Foch, se promocionaron los atractivos turísticos y las artesanías de Otavalo.

En la construcción de este módulo, que se construyó a inicios de este año, los integrantes de Archquid conocieron la forma en la que los vecinos del lago San Pablo entretejen los filamentos naturales.

Por eso, el proyecto incluyó a los hábiles artesanos kichwas. La mayoría pertenece a la empresa comunitaria Totora Sisa y a la Asociación Makipurashum, ambas de la comuna San Rafael de la Laguna.

Los universitarios tuvieron la oportunidad no solo de conocer las propiedades de las totoras. También, visitaron las orillas de la laguna, en donde crece el filamento, que alcanza hasta 5 metros de altura.

Además, recorrieron los talleres en donde aprendieron a tejer y construir los paneles, para formar el cubo.

Se usó una morfología simple. Ahí se exploraron ciertas cualidades técnicas, estructurales y expresivas, explica Andrés Fuentes.

El cuerpo formado por seis caras, cada una de tres metros, prácticamente es un catálogo de los lienzos que dominan los productores indígenas.

En los nueve paneles de cada lado hay técnicas de entrelazado llamadas por los artesanos como mazorca, cuadrado, espiga, bulto y estera. Este último es una de las más tradicionales, indica Antonio Aguilar, tejedor de Totora Sisa.

El argentino Federico Lerner, director del proyecto, comentó que se analiza las propiedades de estos tallos y su resistencia al sol y al agua.

“Es necesario conocer las propiedades hidrofugas, que puede suceder si se aplica algún tipo de resina o barniz”. Su criterio fue recogido en el documental que se realizó en torno a la fabricación del cubo.

La idea es pasar de la teoría a la práctica. Era la primera vez que en Imbabura se construía una estructura de totora y madera, similar a una habitación de una vivienda.

El empleo de la planta acuática permitió una interioridad específica y significativa, que tamiza la luz y cambia su carácter de un modo constante.

Aguilar también tuvo oportunidad para poner a prueba sus conocimientos sobre el tinturado de las fibras.

El proceso, señala, se realiza en, al menos, 60 litros de agua y a una temperatura de 90 grados centígrados.

Así logró tonos de color café, naranja, rojo, marrón, que cubren el hexaedro.

Una de cualidades que más se destaca de esta estructura es su versatilidad en cuanto a las formas que puede tomar, considera Alfonso Rodríguez, director de Planificación del Municipio de Otavalo.

La institución está interesada en utilizarla en otras exposiciones. Antes, se utilizó para promocionar a la ‘Provincia de los Lagos’ en el Mundial del Hornado, que se realizó en el estadio de Otavalo.

Por lo pronto, irá al nuevo Mercado 24 de Mayo, de este cantón imbabureño.