Artesanos de la Costa, Sierra y Amazonía plasman detalles  de sus respectivas culturas en figuras que adornan la casa. Fotos: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Artesanos de la Costa, Sierra y Amazonía plasman detalles de sus respectivas culturas en figuras que adornan la casa. Fotos: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

La decoración se nutre con los simbolismos del Ecuador

Yadira Trujillo Mina. Redactora
ytrujillo@elcomercio.com
(F - Contenido Intercultural)

Los artesanos de los diferentes rincones del país plantean una reflexión sobre las cualidades y los alcances de sus trabajos, especialmente cuando estos consisten en la réplica de figuras originalmente creadas por culturas de antaño.

Las artesanías de este tipo cuentan con un contenido histórico y con representaciones simbólicas propias de sus prácticas, costumbres y creencias, al igual que las piezas de antiguos pueblos y nacionalidades.

El cuestionamiento consiste en preguntarse si ¿estas piezas están realmente hechas para verse detrás de una vitrina de museo o se pueden incorporar a los espacios del hogar?

Daniela Castillo, coordinadora del Museo Etnohistórico de Artesanías del Ecuador (Mindalae), considera que cada detalle de las culturas ancestrales del país se puede llevar al ambiente hogareño a través de estas artesanías.

Pero no solo como una cuestión decorativa, pues además de ese aporte, las piezas dentro de la casa son una posibilidad para que los miembros de la familia se acerquen a los simbolismos y conozcan un poco más de la historia del país.

“Nos da la posibilidad de que los objetos dialoguen con la cotidianidad del espacio y no estén aislados, porque somos herencia de eso”.

Cada región del país tiene sus representaciones particulares en artesanías.

En la Amazonía, por ejemplo, las mujeres son las principales proveedoras de figuras con contenido ancestral.

Específicamente en la provincia de Pastaza, las mujeres Kichwa elaboran piezas en cerámica, toman como referencia la autorepresentación.

Así, por ejemplo, la Mujer Nube evoca el ciclo de la vida, similar a cómo ellos entienden a la lluvia, que se vapora desde la naturaleza y viaja hasta una nube, para luego retornar en forma de agua, explica Juan Martínez, director del Museo Etnohistórico.

La Mujer Silenciada
, en cambio, tiene dos significados: expresados en su boca cosida.

“La primera lectura refiere a una mujer silenciada por la sociedad dominante y la otra a la mujer como sinónimo de prudencia. Al llevar esta figura al hogar nos recuerda que una mujer nunca debe callar”.

En la Sierra se destaca la cerámica Pasto. Wilfrido Melo es uno de los ceramistas de esta cultura, que cuenta con una amplia iconografía.

Estas refieren principalmente a la vida cotidiana de sus habitantes y a la forma en que esta cultura de la Serranía ecuatoriana mira la naturaleza y el mundo en general.

Castillo explica que la cerámica Pasto consiste en representaciones abstractas y geométricas. “Representan que el centro de su vida está en la naturaleza y gira alrededor del sol. Son culturas solares, sociedades comunitarias”.

Entre las artesanías hay platos, que hablan de la familia y de la eliminación de jerarquías, ya que todos se encuentran en igualdad.

Así también, representan a los chamanes, quienes equilibran el mundo interior con la realidad exterior.

“Artistas como Guayasamín se inspiraron en las formas del arte de Pasto”, añade Martínez.

Los artesanos de Manabí, en la Costa, en cambio, se concentran en la figura femenina para sus representaciones a través de sus productos. Las referencias para estos trabajos son las antiguas culturas Valdivia y Jama Coaque.

Una de las piezas destacadas es la Cosmógrafa, una mujer viendo a la bóveda celeste (cielo) para observar los astros y, a partir de ellos, predecir el clima, la llegada de pestes o de abundancia y el estado de las personas de la comunidad.

Martínez explica que es una práctica parecida al horóscopo y propone a este como un objeto para la sala, “que nos recuerda un conocimiento antiguo y un rol histórico de la mujer que hay que sacar a la luz”.

Esta pieza, y otras como La Sacerdotisa, son réplicas de los artesanos de La Pila. Ellos miran a la mujer como la encargada de orientar la vida de las sociedades antiguas.

Estas figuras se observan en un estado de meditación, una práctica tradicional de las culturas, que se preocupaban por el mundo interior.

El director del museo considera que esta debería ser una pieza fundamental dentro de la casa, especialmente en los espacios personales como el dormitorio, para recordar la importancia de la meditación y la armonía propia.

En todos los casos, las figuras sugieren que los pueblos originarios tenían una matriz cultural en contra del poder central, asegura Martínez. Disfrutaban de la igualdad.

El Mindalae es un espacio en el que se reúnen trabajos de artesanos de todo el país, incluidos los que se dedican a replicar estas piezas y a explicar sus tradiciones a través de ellas.

Martínez asume la propuesta de incorporar estos elementos a la casa como una forma de revalorizar las prácticas de las culturas ancestrales.