La mesa comunal es de tablas largas; el asiento, de caña.

La mesa comunal es de tablas largas; el asiento, de caña. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

Construcción ancestral en El Faro de Esmeraldas sobrevive

Marcel Bonilla
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Ver la playa Las Palmas de la ciudad de Esmeraldas desde arriba tiene un componente adicional: las viejas chozas construidas con técnicas ancestrales combinadas con la naturaleza.

En el sector conocido como El Faro se mantienen los llamados miradores turísticos. Para que la estadía sea mucha más acogedora, los habitantes han construidos bohíos con cañas guadúas y techos con hojas de rampira, que evocan su historia. El aspecto de rusticidad en las construcciones hace que llamen la atención a quienes prefieren espacios abiertos para disfrutar de la brisa marina.

Los diseñadores de las chozas son cholos y afros que aprovecharon el paisaje para poner en práctica sus costumbres gastronómicas y conocimientos patrimoniales en materia de construcción.

Uno de estos ‘conjuntos’ es Chozas del Ecuador, de Alfredo Hernández. Hernández proviene de padres pescadores y carpinteros que, a través de las construcciones, han mantenido la tradición de casas de madera más caña guadúa y otros bambúes. Con mucha práctica ha construido un cerramiento perimetral con viejos trasmallos, de los que utilizan para pescar sierras, bagres y albacoras.

Un bongo o canoa pequeña turquesa, de las que se usan para la pesca artesanal, está en el centro. En el interior se han construido minichozas de madera con cubiertas de hojas de rampira, mesas y asientos hechos con troncos de árboles.  En el centro también hay un mesa larga con tablas rústicas y asientos de caña guadúa, asegurados en el piso, con vista a la playa desde unos 500 metros de altura.

En los alrededores se han sembrado plantas con las que tradicionalmente se condimenta el tapa’o esmeraldeño, como la chiyangua, orégano y chirarán, con lo que dan un toque de ancestralidad a una zona concurrida por turistas.

“La construcción es parte de la etnocultura que buscamos fomentar en cada actividad”, asegura el antropólogo Adison Güisamano, integrante de la Unidad de Diversidad Cultural del Municipio de Esmeraldas.  Por eso, bajo la cubierta de rampira y caña se degustan conchas asadas, pescados fritos, camarones y más platillos.