La paja de páramo y las tejas de arcilla se usan en las cubiertas de la casona, restaurada con materiales de la zona y metodologías andinas que aún sobreviven en la zona. Francisco Espinoza/ PARA EL COMERCIO

La paja de páramo y las tejas de arcilla se usan en las cubiertas de la casona, restaurada con materiales de la zona y metodologías andinas que aún sobreviven en la zona. Fotos: Francisco Espinoza/ PARA EL COMERCIO

Casonas se incorporan al turismo en Ibarra

José Luis Rosales. Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Pondo Wasi (Casa del Pondo, en español) es un inmueble que se transformó de vivienda familiar a un centro turístico. La edificación, de paredes de tapial y techo de teja, está ubicada en la comuna La Magdalena, parroquia de Angochagua, en el suroriente de Ibarra.

Aunque la mayoría de construcciones del sector son similares, Pondo Wasi luce nueva. Alexis Criollo, uno de los propietarios, restauró la casona incluyendo detalles innovadores, como la chimenea y un horno de leña. Lo hizo sin descuidar las formas originales de esta vivienda rural.

El local, que ofrece platos típicos y artesanías, fue inaugurado hace dos meses. Sin embargo, el proyecto de rehabilitación duró alrededor de dos años, recuerda Criollo.
Este estudiante de la carrera de Ingeniería en Administración de Empresas Turísticas, con pala en mano, se encargó personalmente de la reparación de la villa tradicional.
Cuando las tareas se complicaban solicitaba el apoyo de su padre, Marcelo Criollo. Contrataron las manos de varios expertos para los detalles que requerían un mayor conocimiento técnico.

Los corredores lucen columnas de madera de eucalipto. También predomina la teja.

Los corredores lucen columnas de madera de eucalipto. También predomina la teja.

La obra incluyó el cambio de la cubierta con vigas de eucalipto, reforzamiento de paredes y pisos, entre otros. Aunque el emprendedor no es un experto en construcción, investigó en Internet cada uno de los detalles técnicos.

La casa está protegida por tejas de arcilla, pero también hay áreas cubiertas con la paja seca de monte como se preservaban los tumbados de las casas antiguamente. Así se decoraron el área social y los baños.

Su trabajo genera buenos comentarios. El inmueble central, que abarca un área de construcción de 225 m², tiene la forma de la letra L.
Para darle un toque final pintó las paredes de color blanco. Como dicta la tradición local, utilizó carbonato y resina.

El piso de corredores y salones, en cambio, fue cubierto con una capa de resina y pigmento de tono caoba. Entre bromas, el restaurador confiesa que no sabía cuál sería el resultado. Ahora está satisfecho con lo que consideró un experimento.

Instrumentos musicales forman parte de la decoración.

Instrumentos musicales forman parte de la decoración.

Para completar la obra se incluyó un horno de barro, que fue elaborado con tierra recolectada en el mismo sitio. Ahí se preparan platillos como cordero, trucha y pan.
Los propietarios del inmueble se esmeraron también en la decoración. La casa y la huerta están adornadas con 25 vasijas de diferentes formas y tamaños, que dan el nombre a este ícono arquitectónico.

Esos utensilios fueron adquiridos mediante la compra y la donación de vecinos de esta parcialidad kichwa. Muchos de estos artículos de cerámica estaban abandonados.
Hay otros elementos ornamentales como parte de los arados de madera, por ejemplo, que se utilizan con bueyes para preparar la tierra para la siembra. También instrumentos musicales como bombos y guitarras, que decoran los largos corredores.
Al interior del restaurante resaltan las largas mesas de madera cubiertas con coloridos manteles.

Los bordados también le dan identidad a este inmueble, pues recoge la habilidad de las mujeres de la zona para diseñar innumerables formas con hilos de colores.
En Wasi Pondo, la labor de costura estuvo a cargo de las damas de la familia. Hortensia Tambi, madre de Alexis Criollo, dirigió las tareas de calado.

Se aprovecharon los troncos de eucalipto para elaborar el mobiliario del restaurante.
El lugar brinda un ambiente campestre. El huerto tiene una amplia variedad de vegetales, entre los que se destacan los árboles de arrayán, nogal, higo, pino y laurel. Marcelo Criollo recuerda que trajo un ejemplar de la última especie desde la laguna de Mojanda, en Otavalo.

Otro de los detalles prácticos está en la cocina. La idea es rescatar las técnicas de cocción ancestral, como la de pondo y la pachamanka.
Esta última es la preparación de alimentos con piedras ardientes en un hoyo abierto en la tierra, por lo que se hace en un espacio del huerto.
Wasi Pondo también busca rescatar la cultura indígena local. Por esa razón, planean implementar una sala de interpretación. Este proyecto será parte de la tesis de grado del emprendedor.

El uso de la piedra también se destaca en el inmueble.

El uso de la piedra también se destaca en el inmueble.

La iniciativa de la familia Criollo se ha transformado en una tendencia para otros inmuebles que se restauran.