La Casa Rosada albergó el primer Municipio de Manta en 1920, pero ahora es un espacio para la gastronomía. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

La Casa Rosada albergó el primer Municipio de Manta en 1920, pero ahora es un espacio para la gastronomía. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

La Casa Rosada conserva 100 años de historia

Mónica Mendoza  
(F-Contenido Intercultural)

La Casa Rosada se construyó en 1918 y dos años más tarde albergó al primer Municipio de Manta. En esos años se levantaba junto a los muelles de la ciudad portuaria y el mar llegaba hasta su vereda.

Pero 100 años después la casona se ubica a varias cuadras del actual malecón y sus salones están convertidos en restaurantes modernos.

En la vereda principal se mantienen las argollas donde se amarraban los barcos, pero están protegidas por un vidrio. Ahí, junto a las mesas y sillas en el soportal donde se extiende la cafetería La Toquilla que ofrece platos de la deliciosa gastronomía manabita.

En la planta baja funciona la cafetería La Toquilla que ofrece tradiciones manabitas. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

En la planta baja funciona la cafetería La Toquilla que ofrece tradiciones manabitas. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Su color rosado destaca junto al parque de La Madre en pleno centro de Manta. Es una casona de grandes ventanales, que mantiene la fachada original de hierro y cemento.
Fue declarada Patrimonio Cultural del Estado en el 2000. En los últimos tres años fue sometida a trabajos de restauración para conservar parte de los materiales originales y devolverle el esplendor de inicios de los años 1900.

La empresaria manabita Lucía Fernández asumió el proyecto de convertir a la antigua casona en un espacio para la gastronomía manabita. Ahora es un conjunto de restaurantes enmarcado en una construcción de carácter histórica, que reúne el valor de haber sido el primer cabildo municipal y donde funcionaban todos los servicios locales de la época.

Fernández recuerda que la casona se construyó con cemento, hierro y materiales importados desde Alemania. El agua para la obra llegaba de Panamá y Guayaquil.
Después de que dejó de funcionar el municipio, la propiedad pasó a remate.

Adán Muentes Reyes, un comerciante cafetero, de tagua, de toquilla y de higuerilla la adquirió. Era dueño de muchas propiedades en el centro actual de Manta que luego pasaron a sus herederos: los Muentes Delgado, Muentes Avellaneda, Muentes Pineda, Borro Muentes en los años 60.

La empresaria cuenta que cuando tenía 7 años de edad pernoctaba en la casona que ya pertenecía a una de las familias que la heredó. Así guardaba el cariño por esa casa donde pasó parte de su niñez.
Invirtió USD 3 millones en la restauración para convertirla en uno de los restaurantes más modernos de Manta.

La Casa Rosada está amoblada con butacas originales que fueron retapizadas con diseños modernos. Foto. Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

La Casa Rosada está amoblada con butacas originales que fueron retapizadas con diseños modernos. Foto. Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Un equipo multidisciplinario conservó su fachada, pero hizo una estructura moderna en cada piso, tiene ascensor, con el propósito de dar un servicio de calidad, explica Fernández. El restaurante se inauguró en octubre pasado y abrió en noviembre.

La Casa Rosada tiene tres plantas y una terraza. En cada una funciona un restaurante.
En la planta baja figura la cafetería donde el ambiente está inundado del olor a café que se tuesta y se muele en una esquina y se comercializa con la marca Casa Rosada.
También se puede degustar un bolón de verde o un tigrillo, y observar, a través de un vidrio, la cocina donde hay utilería moderna y un fogón como en las casas manabitas tradicionales para asar los plátanos o los corviches.

En una de las paredes de la cafetería se conserva un mosaico de maderas originales que se desmontaron de la estructura antigua, se cepillaron y reutilizaron. Fernández calcula que son piezas que tienen más de 100 años.

El piso de la cafetería se hizo con el modelo réplica de la casa original. Y en la parte alta del lugar se elaboraron ventanas de chazas en miniatura, elementos arquitectónicos de las casas montuvias de la Costa. Simulan la ‘casa de 100 ventanas’, cuyas fachadas se conformaban de una sucesión de ventanas de chazas, pero en este caso solo hay 40. “Son modelos de ventanas de casas del campo y las ciudades que recogen la tradición de la región”, añade la empresaria.

Los detalles originales como las cabezas de león  todavía se conservan en las columnas de la casona. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Los detalles originales como las cabezas de león todavía se conservan en las columnas de la casona. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

Los detalles manabitas están en las lámparas de paja toquilla elaboradas por artesanas de Montecristi. La decoración se complementa con mesas de mármol con bases de hierro forjado francesas. La cafetería tiene capacidad para atender a 50 personas.
En el primer piso esta El Puerto donde se ubican tres salas privadas que pueden ser utilizadas para reuniones reservadas o servicio de restaurante VIP.

En el pasillo de acceso hay un mueble original de la antigua casona que fue retapizado con diseño moderno para fusionarlo con la decoración actual. Esos espacios reservados pueden albergar hasta 30 personas.

En el segundo piso está La Casona, el restaurante principal que ofrece gastronomía local. Tiene una decoración ambientada en la Francia de 1900.
En el último piso está La Terraza, un ‘lounge’ bar que tiene una vista a la bahía de Manta donde se puede observar la caída de sol. Está decorada por un jardín vertical y la estructura del techo se sostiene en columnas de madera que tenía la casa original y que se reubicaron en ese sitio para dar un toque rústico.

En la terraza funciona un ‘lounge’ bar, cuya estructura mantiene las centenarias columnas de madera. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

En la terraza funciona un ‘lounge’ bar, cuya estructura mantiene las centenarias columnas de madera. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO