Handel Guayasamín en el exterior de su casa, ubicada en Guápulo. La piedra predomina como material imponente. FOTO: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Handel Guayasamín en el exterior de su casa, ubicada en Guápulo. La piedra predomina como material imponente. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Una casa que tiene su propio espíritu andino

Yadira Trujillo Mina  (I) 
ytrujillo@elcomercio.com

Para Handel Guayasamín, la casa de un arquitecto es como su tercera piel. La primera, asegura, es con la que se nace; la segunda es la que viste, mientras que la tercera es el lugar donde se habita.

La casa que diseñó y construyó para él y su familia es el reflejo de sus conocimientos arquitectónicos, pero también el espejo de su legado histórico y cultural. Su vivienda tiene un espíritu andino por varias razones. La primera, y más básica, es porque está localizada en una montaña, rodeada por el paisaje guapuleño.

Handel Guayasamín video

A ese lugar, Guayasamín lo define como un sitio mágico, que brinda la posibilidad de estar fuera y cerca de la ciudad al mismo tiempo.
Guápulo en sí mismo no es un barrio. Es un pueblo que mantiene todas sus tradiciones y su cultura”.

Al pensar en la que sería su propia casa, Guayasamín se inspiró en la arquitectura prehispánica y en diversas manifestaciones culturales de diferentes lugares.

Para aplicar esa visión, considera que es importante la inteligencia racional, que dicta la funcionalidad de las cosas y las ordena; pero también cree firmemente que la inteligencia emocional es clave en una obra para despertar sentimientos y para que sea trascendente.
Eso, precisamente, sucede en su vivienda: cada espacio se graba en la mente de las personas que la recorren.

El hogar del arquitecto Guayasamín se caracteriza por contar con espacios sociales abiertos cálidos, que se conjugan con una vista privilegiada de la naturaleza exterior. “Cuando tienes el privilegio de esta vista, cada despertar es un homenaje a la vida”.
En esa casa se destacan materiales como la piedra, que está en las paredes; la madera de las estructuras y la tierra cocida del piso. A esos elementos Guayasamín los describe como nobles, que acompañan la vida familiar de manera grata.

Piezas históricas son espíritus protectores de la casa. Foto. Julio Estrella/ EL COMERCIO

Piezas históricas son espíritus protectores de la casa. Foto. Julio Estrella/ EL COMERCIO

Sobre esos materiales, el arquitecto destaca su relación con hechos culturales.
Asegura que, si se tiene un concepto de lo cultural, lo andino y los espíritus que habitan a las personas y los lugares, se debe trabajar con elementos nobles, que posean una expresión autentica.

Para Handel Guayasamín, con la tierra o la madera se construyen espacios para los yaravíes o los pasillos, mientras que el hormigón crea espacios para géneros como el rock o el heavy metal.
A él le sedujo la primera opción. Por eso eligió materiales cálidos, “que transmiten armonía y energía” en su vivienda, a la que mira como el sitio para tranquilizar los avatares de la vida cotidiana.

La concepción del habitar de este arquitecto también se evidencia en la decoración, pues para él y su familia es importante la relación con dioses que cuidan el hogar y hacen parte de su pasado cultural.

Cada espacio de la casa acoge arte. Hay piezas prehispánicas, arte contemporáneo, tejidos de diferentes pueblos y artesanías. A esto, el arquitecto lo define como un valor agregado: el valor de la cultura que ha nutrido toda su existencia.

La zona de entretenimiento colinda con el estudio y el dormitorio de huéspedes. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

La zona de entretenimiento colinda con el estudio y el dormitorio de huéspedes. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Guayasamín recuerda que alguna vez alguien habló de su casa como un nuevo Machu Picchu. Asegura que esta tiene un lenguaje similar al del santuario peruano, por tratarse de una especie de fortaleza, emplazada en un cerro, con la piedra como elemento imponente y estable.

En todo lo que constituye esa casa, su creador destaca el papel protagónico de su esposa, Lizi Ernst. Lo hace para acentuar la importancia del rol femenino en cualquier proyecto arquitectónico.

Guayasamín considera que muchos de los hombres son poco permeables a que otras personas participen de los procesos de diseño. Debido a eso, cuenta que cuando ya se habita una vivienda aparecen necesidades, que se resuelven únicamente con la visión pragmática que tienen las mujeres en relación con el manejo de los espacios. “Nosotros no tenemos eso. Estamos en otras búsquedas y a veces realizamos aterrizajes forzosos”.
Por esa razón, considera a la incidencia femenina como uno de los procesos que se deben recuperar en el mundo de la arquitectura.