La fachada principal es de ladrillo enlucido, madera rústica y techo de teja española tradicional. Los pisos son de cerámica reciclada. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

La fachada principal es de ladrillo enlucido, madera rústica y techo de teja española tradicional. Los pisos son de cerámica reciclada. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

El nido de ladrillo, madera rústica y teja española del ornitólogo

Víctor Vizuete E.
Editor (I)

La casa de Juan Manuel Carrión se ubica en Cumbayá. La vivienda de 340 m² en un lote de 1 500 m² de terreno está llena de pájaros, tanto afuera como adentro; tanto vivos como pintados, esculpidos o ilustrados.

La casa es blanca, baja y rectangular. Las vigas, columnas, cerchas y pies derechos de eucalipto sin trabajar diagraman la colorida estructura que sostiene las encaladas paredes de ladrillo revocado. La cubierta está forrada con la tradicional teja de arcilla. Los pisos, de gres sin pulir y de un sinfín de pedazos (de todos los tamaños) de cerámicas recicladas, completan la dotación de materiales escogidos por el Arq. Pancho Naranjo y su hermanos Andrés para que enmarquen el hábitat de Juan Manuel Carrión y Nancy Klier, su esposa.

Un extenso y arbolado lote de 1500 m² se extiende en la parte posterior de la singular vivienda de 340 m², la misma que se reparte en un solo piso más un glorioso estudio emplazado en una segunda planta.

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60 árboles de ceibo, aguacate, cholán, arupo, carbonero, asadero, pumamaqui, acacia, limón, yucca elefante y otras variedades esconden entre sus ramas nidos de colibríes, quindes, petirrojos, mirlos, torcazas y decenas de especies de aves más, las mismas que completan sus dietas en los comederos y bebederos que Carrión ha colocado estratégicamente en toda el área luego de que han disfrutado del néctar de las flores de geranios, siete cueros, buganvillas, miramelindas, cucardas…

En el costado izquierdo de la coqueta terraza que sirve de nexo entre la casa y el lote, un asadero de antiguo corte marca, todavía más, la vocación campestre del lugar.

La presencia de las aves no es gratuita ni fruto del azar. El dueño de casa, Juan Manuel Carrión, es uno de los ornitólogos más reputados del país y uno de los pioneros del desarrollo de esta disciplina en el país.

Este rincón de la sala muestra la verdadera dimensión de la volumetría. Al fondo se divisa el rincón de música. En primer plano la sui géneris chimenea. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

Este rincón de la sala muestra la verdadera dimensión de la volumetría. Al fondo se divisa el rincón de música. En primer plano la sui géneris chimenea. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

Nacido a escasos 10 minutos del 24 de diciembre de 1960, Carrión es un biólogo que ha colaborado con instituciones de jerarquía como la Fundación Zoológica del Ecuador, el Municipio de Quito (concejal alterno de Gonzalo Ortiz Crespo) y la Universidad San Francisco de Quito, como catedrático.

Su quehacer científico, asimismo, ha sido reconocido por sus coterráneos, que le han distinguido con galardones como el Premio Enrique Garcés y las condecoraciones Eugenio Espejo y Oswaldo Guayasamín. También ha escrito varios libros de biología, ornitología y afines.

Pero su amor por jilgueros y colibríes se extiende más allá de su espaciosa chacra y se introdujo en todas las estancias interiores de su morada. Salas, comedores, cocina, sala de lectura y hasta los baños están llenos de objetos que tienen que ver con las aves.

El bar y su entorno muestran la dinámica de la forma y el color. Los cuadros y las ilustraciones con todo tipo de aves resaltan. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

El bar y su entorno muestran la dinámica de la forma y el color. Los cuadros y las ilustraciones con todo tipo de aves resaltan. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

Cuadros, pinturas, ilustraciones, esculturas, fotografías y dijes de toda índole alusivas a las aves se reparten –de manera más o menos ordenada- en todas las paredes, rincones y muebles de la casona. Juan Manuel estima que posee más de 1 000 ilustraciones repartidas en la vivienda pero, especialmente, en el estudio.

Un coqueto y nostálgico rincón de la sala principal da cobijo, asimismo, a otra de las pasiones del ornitólogo: la música. Una guitarra, un piano, una bandola y hasta una genuina marimba de bambú forman parte de esa valiosa dotación.

Los libros, otra de sus pasiones, se agrupan en otra estancia, la que repletan completamente.

Juan Manuel Carrión posa en su estudio, ubicado en la planta alta del inmueble. Al fondo,  más ilustraciones de aves. Foto Armando Prado / EL COMERCIO

Juan Manuel Carrión posa en su estudio, ubicado en la planta alta del inmueble. Al fondo, más ilustraciones de aves. Foto Armando Prado / EL COMERCIO

Una chimenea de leña, en ladrillo y amarillo, rompe la preminencia del blanco y contagia de color al bucólico ambiente.

Como Ivan Ilich, Carrión piensa que “Habitar es un arte. Los seres humanos convertimos los espacios en habitaciones”.

En esta casona semirrural ubicada en Cumbayá, cerca del Colegio Menor, Juan Manuel ha logrado mucho más que acondicionar un hábitat: ha logrado fusionar algo todavía más esencial: su gusto por la naturaleza y su amor por los pájaros y otras aves. Ha logrado insuflar a las paredes blancas, los pisos de retazos cerámicos y los techos de madera vista muchos detalles de su propia esencia.