La pared del bar-café fue decorada con caña guadúa y con piedras de los afluentes del Pastaza y del Puyo.

La pared del bar-café fue decorada con caña guadúa y con piedras de los afluentes del Pastaza y del Puyo. Foto: Glenda Giacometti / Construir

Un bar-café inspirado en siete nacionalidades

Fabián Maisanche 
Redactor
(F - Contenido Intercultural)

La identidad y cultura de las siete nacionalidades asentadas en la selva de la provincia de Pastaza se muestran en un bar-café, ubicado en el centro de la ciudad de Puyo.

La construcción del local de dos plantas está basada bajo las normas técnicas ancestrales de los indígenas de la nacionalidad Kichwa.

Los constructores Yankuam Escobar, Ismael Escobar y Sergio Gualinga utilizaron la caña guadúa y las piedras de los ríos Pastaza y Puyo para dar forma a la choza.

Los elementos alternativos fueron fusionados con el cemento, varillas y bloques. El resultado fue una infraestructura amigable con el ambiente, que soporta los movimientos telúricos y que tiene funcionalidad decorativa.

La construcción del bar-café se inició en una casa construida en 1941. Según los historiadores la edificación fue una de las primeras que se construyeron con cemento y hierro en Pastaza. Las obras para el Barescobar, como fue bautizado, se iniciaron en 1949.

Esto comenzó con la selección y tratamiento de los materiales autóctonos como la caña guadúa fueron la principal tarea. Yankuam recuerda que el corte y el procesamiento de los maderos cilíndricos les tomaron un año y medio. Para eso, reforzaron cada pilar de la vieja casona con seis guaduas gruesas. La viga principal del techo se formó con dos arcos. Allí se utilizaron 50 pedazos de diferentes dimensiones de caña guadua.

Las bases fueron cubiertas con cientos de piedras recolectadas del fluente del Pastaza. Los diferentes tonos contrastados con el color de la caña le dieron armonía, sobriedad e identidad al espacio.

“El reforzamiento de los pilares fue necesario porque los antiguos propietarios construyeron con un material pétreo denominado kilo. Esta arena contiene sal y con el pasar del tiempo le va corriendo al hierro y por ende debilitando a la infraestructura. Hemos logrado apuntalar la construcción sin correr riesgos”, explica Yankuam.

El techo sobrepuesto está sostenido por una estructura de caña ascendente en forma de hélice. Esta se asemeja a una cadena lo que permite a los usuarios moverse a lo largo y ancho del edificio. Para la doble cubierta se utilizaron planchas de zinc y paja que permiten el ingreso de la luz y la ventilación natural.

La decoración del bar-café está inspirada en el rescate la identidad cultural de la Amazonía. Cada uno de los detalles decorativos representan una nacionalidad o la utilización de los mismo materiales en sus chozas. Para eso pintaron las paredes de color caoba donde se plasmaron las montañas y ríos de la Amazonía.

Estas se complementaron con los diseños, figuras y polígonos asimétricos que son típicos de las mocawas. Las vasijas de barro sirven para tomar la chicha y están pintadas con diminutos pinceles.

Sergio Gualinga indica que estos utensilios son utilizados como decoración del lugar o para servir las bebidas a los clientes. Otras fueron colgadas en el tumbado en forma de estrella de una de las entradas del café-bar. Otro de los utensilios para la decoración son las canastas, hamacas y bolsos elaborados con las lianas o tiamshi. Estos utensilios son utilizados por los nativos para el traslado de las yucas, plátanos y peces.

En las esquinas y en los tumbados se ubicaron las jarras de barro donde los indígenas ponen la chicha de yuca. La caña guadúa se utilizó para la construcción de las mesas y sillas. Las últimas fueron elaboradas por artesanos indígenas y reflejan las cabezas de jaguar, ranas, boas, aves y monos.

La madera de chonta en forma de media luna se utilizó en la zona del bar y en adornos elaborados por los indígenas. “El alma del local está basado en la naturaleza y en la reivindicación de los pueblos con la selva. Cada uno de estos elementos nos permite capturar la energía positiva de la selva viviente”, sostiene Gualinga.

Otro de los adornos del local es la muestra fotográfica de los rostros de las mujeres indígenas de las siete nacionalidades. El fotógrafo Felipe Jácome las captó en su marcha desde Pastaza hacia Quito. “Nosotros creemos en la riqueza cultural de Pastaza e intentamos representarla de la mejor manera. Este pequeño espacio sirve para que los extranjeros continúen viajando hacia las comunidades indígenas”, asegura Gualinga.