Estos pavos reales muestran sus características coronas en la cabeza. Se destaca la policromía de la cerámica. Foto: Víctor Vizuete / EL COMERCIO

Estos pavos reales muestran sus características coronas en la cabeza. Se destaca la policromía de la cerámica. Fotos: Víctor Vizuete / EL COMERCIO

Aves que cobran vida con cerámica y bronce

Víctor Vizuete E. Editor
(F – Contenido Intercultural)

Renovarse en una de las claves del éxito para cualquier actividad humana. Eso lo ha comprendido muy bien Roberto Ñacato Guayasamín, un artífice del trabajo con la cerámica y el metal desde hace 40 años, lejana fecha cuando aprendió su arte en el taller de don Joaquín Tinta, el más reconocido maestro de Sangolquí y todo su entorno.

En su taller de la calle Quinabanda, barrio sangolquileño de Cashapamba, este artista popular empezó dando forma en cerámica vidriada y al latón repujado hasta convertirlos en las aves representativas de la región, como los colibríes, quindes o gallos, como una proyección de los animales endémicos de Los Chillos.

Ahora su producción se ha diversificado y, sin perder esa vocación intercultural buscada desde el inicio de su profesión, incluye réplicas de esculturas del tradicional Choclo sangolquileño y los nidos de colibríes (creaciones de Endara Crow), pero también tortugas de Galápagos, tucanes de la Amazonía, búhos andinos...

La tarea fusiona las dos técnicas: cerámica y metal.

Estos búhos reales también muestran el prolijo trabajo de Roberto Ñacato.

Estos búhos reales también muestran el prolijo trabajo de Roberto Ñacato.

Las cerámicas empiezan su transformación en forma de barbotina. Esta es una colada compuesta de la más fina arcilla, yeso, metasilicato de sodio y otros químicos que evitan que se pegue a los moldes. Luego de que se sacan de estos, los diseños se dejan secar por dos días. Antes se igualan las superficies y se pintan.

En el repujado de las láminas de bronce primero se dibujan los diseños en papel y se traslapan a la lámina. Se cortan los diseños y se procede al repujado con martillo. Luego se sueldan con cuerdas de plata las partes que lo necesitan y se saca brillo con varios ácidos.

¿Los precios? Depende del motivo, el tamaño y la complejidad del diseño. Hay objetos desde USD 10 hasta 300.