Ache, como prefiere ser llamado, contó que hace un año dos arquitectas encargadas de adecuar espacios internos lo contactaron. Foto:Paúl Rivas/EL COMERCIO

Ache, como prefiere ser llamado, contó que hace un año dos arquitectas encargadas de adecuar espacios internos lo contactaron. Foto: Paúl Rivas/EL COMERCIO

Arte urbano de Quito, de las calles al diseño arquitectónico

Andrés García (I)

Los trazos de Juan Pablo Vallejo, más conocido en la escena underground como ‘Ache’, tuvieron su génesis en las calles. Siete años después, su arte migró a otras plataformas hasta consolidarse como un elemento diferenciador del diseño arquitectónico.

Su último mural, de 127 metros cuadrados y ocho pisos de alto en un edificio de oficinas que se construye en la av. América y Juan Diguja, al norte de Quito, son una prueba de aquello.

Ache, como prefiere ser llamado, contó que hace un año dos arquitectas encargadas de adecuar espacios internos lo contactaron. Ellas conocían su trabajo como artista urbano y analizaron varias obras en las que el artista hurgaba en la geometría y la abstracción. “Es alentador ver como el arte urbano, el diseño y la arquitectura pueden confluir”, sostuvo.

Tras algunas conversaciones y propuestas, los encargados de la construcción decidieron entregar el mural para que Vallejo desarrolle su arte de forma libre. “Esto abrirá la puerta para que más artistas, con prácticas estéticas no tradicionales, intervengan en edificios en construcción”.

Es mural tiene 127 metros cuadrados y ocho pisos de alto en un edificio de oficinas que se construye en la av. América y Juan Diguja, al norte de Quito. Foto: Paúl Rivas/EL COMERCIO

Es mural tiene 127 metros cuadrados y ocho pisos de alto en un edificio de oficinas que se construye en la av. América y Juan Diguja, al norte de Quito. Foto: Paúl Rivas/EL COMERCIO

El mural, en el que se emplearon aproximadamente 250 litros de pintura, representa la luminosidad de la piedra mineral opal. Su composición se soporta en transparencias, sobreposiciones y rasgos traslúcidos.

La idea, contó, es que el espectador mire hacia arriba y genere un dinamismo. Con el mural, se busca que el edificio se convierta en un dispensador de arte para la comunidad y los asistentes.

Pasar de las calles al espacio interno de un edificio en construcción, no significa perder la esencia de su obra, subrayó el autor. De hecho, dijo, en el mural se emplearon conceptos del cinetismo, una tendencia que genera la impresión o ilusión de movimiento.

"El arte urbano es muy complaciente al momento de circular, puede estar en la calle, en una galería o en otro espacio social. Lo chévere es que los arquitectos se arriesgan y apoyen a estéticas distintas”, finalizó.