Esta planta solamente florece una vez al año, por lo que es anual. Los pétalos encarnados son muy vistosos. Foto: Víctor Vizuete/ Construir.

Esta planta solamente florece una vez al año, por lo que es anual. Los pétalos encarnados son muy vistosos. Foto: Víctor Vizuete/ Construir.

La amapola pinta de rojo los jardines cada año

Víctor Vizuete E.
Editor

Aunque goza hoy de una mala fama inmerecida, por culpa de su prima la adormidera, la amapola es una flor con gran historial. Su linaje se remonta a los sumerios (5 000 a.C.) pues la tradición cuenta que los famosos jardines de Babilonia estaban repletos de estas bellas flores.

En Quito y sus valles colindantes son muy comunes. En los campos serraniegos de maíz o trigo nacen y crecen espontáneamente y se diseminan entre las espigas.

Hay varios tipos de amapolas y de varios colores (blancas, rojas, rosas y hasta amarillas) y también algunas variedades que pertenecen a la misma familia, como la eschscolzia californica, llamada amapola californiana.

Esta planta produce unas bellas floraciones de amarillo-tomate intenso, aunque también hay variedades rosadas o injertas.

Pero tanto las papaver (amapolas) como las eschscholzias (californianas) no son plantas perennes sino que ‘se mueren cada año’, explica el jardinero Ramón Duicela. Estas plantas no viven más de 10 meses.

La llamada amapola californiana es una variedad que presenta diversas tonalidades, como amarillas o rosas. Foto: Víctor Vizuete/ Construir.

La llamada amapola californiana es una variedad que presenta diversas tonalidades, como amarillas o rosas. Foto: Víctor Vizuete/ Construir.

Los capullos tempranos de la amapola tienen, dentro de sí, los pétalos blancos (monjas), que enrojecen rápidamente. Cuando están a punto de reventar se vuelven de un rojo encendido (frailes).

Las amapolas y eschscholzias se siembran por semillas. Estas, explica Duicela, vienen encapsuladas (en una especie de funda como las arvejas) y se guardan en seco hasta la hora de la siembra.

Se cultivan a pleno sol, en un suelo más bien seco y pobre en sustancias orgánicas (poco nitrógeno y más potasio). Se plantan con una distancia de unos 80 cm entre ellas.

Necesita de riegos moderados una o dos veces por semana, según el tiempo y la estación predominante.