27 de November de 2011 00:02

Nos vigilan

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En nuestro país están ocurriendo cosas insólitas. No hace mucho tiempo solo era un rumor que estábamos siendo objeto de vigilancia por elementos especiales infiltrados en todas las esferas y campos del vivir nacional. Esto ha motivado simultáneamente la aparición de una extraña sensibilidad que está afectando de distinta manera a los ecuatorianos que ahora estamos en alerta naranja, especialmente cuando entablamos una relación o conversación circunstancial con amigos o desconocidos, pues debemos percatarnos realmente de saber con quién hablamos, de qué hablamos, quién nos está escuchando, en qué lugar y qué tiempo duró la conversación, recordar si alguien en el entorno portaba cámaras, elementos raros que podrían ser medios de grabación o escucha, etc. y teniendo siempre presente que cualquier desliz puede llevarnos o ser sujetos de enjuiciamientos penales y al consecuente pago de elevadas sumas indemnizatorias por haber formulado, supuestamente, alusiones lesivas a su honra, prestigio, solvencia, renombre, veneración, etc.

¿De dónde vino, cuál es la razón, hacia dónde va y nos quiere conducir este fenómeno huracanado? Una posible y primera respuesta posiblemente esté encerrada en la forzada compra de renuncias, notificación de cese de funciones, recopilación de datos personales sobre directivos de todo tipo
de establecimientos educativos, públicos o privados, de sus estudiantes y hasta de apoyo, guardia, servicios de aseo, mantenimiento, etc.

El desmentido sobre esta inquietud formulada por la autoridad responsable no es creíble dado el ambiente que sigue flotando acompañado de una duda fundamentada y razonable. Más como puedo estar equivocado toda vez que mi inquietud nace de la lectura de los artículos que nos pone en conocimiento la prensa incansablemente tachada de "corrupta", desearía que algún estudioso de estos fenómenos sociales pueda ilustrarnos sobre estos particulares, pues deseamos saber la verdad y solamente esa verdad desnuda sin vendas ni atavíos que quieran ponerlos quienes solamente martillan eslóganes que aburren y fatigan.

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