5 de noviembre de 2016 00:00

Carta abierta de un padre a sus hijas

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Ricardo Ordóñez Jaramillo

Como padre que quiero a mis hijas, como convencido estoy que mis hijas me quieren, considero que el sentimiento fraternal debe ser en vida. Les dedico esta carta: Prefiero que compartan conmigo unos pocos minutos y no una noche entera cuando muera. Que estrechen mi mano suavemente ahora y no que apoyen sus cuerpos sobre el mío cuando no las sienta. Que hablen conmigo ahora y no cuando no las pueda escuchar. Que me regalen una flor, ahora que puedo percibir su olor y no que me envíen un hermoso ramo de flores cuando no lo pueda recibir con mis propias manos. El escuchar con ustedes una hermosa melodía y no el acorde de guitarras de una triste serenata necrológica, vestidas de negro. Que me escriban algo lindo en una tarjeta postal para leerla en este momento y no un poético epitafio sobre mi tumba. Disfrutar de vuestros detalles este día, aunque sea lo más simple, y no de grandes triunfos en el futuro sin que yo ya no esté presente. Recibir un tierno beso en mi frente o mejilla a un beso mojado con llanto. Un “te amo” sincero y con mucha energía y no enterarme recién, cuando esté bajo tierra, que yo era el ser que más querían. Quiero compartir con ustedes todos los bellos momentos en vida, y no cuando esté fuera de este mundo. Como dice el estribillo de la canción: “...en vida que me quisieran, de muerto ya para qué”. Recuerden queridas hijas, nadie es eterno en esta vida, demostremos mutuamente que somos una familia unida, en donde brilla la felicidad de estar yo vivo al momento de escribir este artículo.  

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