21 de abril de 2017 00:00

Terremoto en Manabí

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Víctor Añasco Défaz

El guardabosques alemán Peter Wohlleeben publicó su libro “la vida oculta de los árboles: lo que sienten, como se comunican” donde afirma son seres inteligentes que pueden recordar y emitir alertas en casos de peligro.

Luego del terremoto que asoló Manabí en el año pasado, se comprobó la nobleza de la madera como material estructural de las antiguas edificaciones menores, pues colapsaron vigas o columnas solo cuando el deterioro había llegado a su médula.

Luis Loor, un recio anciano montubio me contó: “en la tarde los árboles se quedaron quietitos y sentí un viento frío que me dio miedo, pues pensé que alguien iba a morir. La montaña me anticipó. En la noche, el mular se puso nervioso y a lo lejos cantó la Valdivia; salí de mi casa de madera cargado a mi esposa inválida y la tembladera hamaco la vieja construcción y la tumbó”.

Ficción o realidad. Pero en los días siguientes, en ese Manabí profundo donde no llegaba la ayuda del Estado, comenzó la minga de la reconstrucción. Hombres y mujeres, hacha en mano y machete al cinto, con ese tesón montañés que en ondas se fue expandiendo por esa hermosa provincia.  

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