16 de septiembre de 2016 00:00

Talento, agricultura, destino

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Pablo Santiago Jarrín Valladares

William Easterly, en su libro “The Elusive Quest for Growth…” nos permite reflexionar sobre la relación entre pobreza y tecnología. Los EEUU poseen un vasto territorio de llanuras fértiles, entre los mejores del planeta para la agricultura. Sin embargo, la sociedad estadounidense le dedica cerca de un 2% de su economía a la producción de la tierra.

Por otro lado, Etiopía, cuya geografía es hostil a la producción agrícola, debe más de la mitad de su actividad económica a la agricultura. Un país agrícola o primario-exportador suele serlo no por las ventajas de su geografía, sino por la carencia de talento en su población para innovar y producir productos secundarios o terciarios. Las economías del mundo no dependen de la agricultura, excepto si se encuentran en la trampa de la pobreza. Las economías poderosas del mundo deben su riqueza a la tecnología como resultado de la investigación científica y un sistema virtuoso en donde la empresa privada, el Estado y los centros de investigación se incentivan recíprocamente. Es necesario que nuestra sociedad medite las consecuencias del atraso tecnológico frente al futuro de la economía y las próximas elecciones presidenciales.

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