19 de julio de 2015 18:21

Sobre el dinero electrónico

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Juan Carlos Terán Vela (O)

En las últimas semanas se han publicado varios comentarios en la prensa sobre el dinero electrónico y el modelo que para el efecto se ha implementado en el Ecuador.

En un artículo de opinión del domingo 12 de julio, Vicente Albornoz G. hace un análisis de las razones por las que él considera que el dinero electrónico no funcionará en el Ecuador, las cuales no las comparto ya que mundialmente se ha adoptado, en distintas formas, sistemas de dinero electrónico en varios países.

En el 2011 la Alianza de Inclusión Financiera (AFI) -formada por la Fundación Bill & Melinda Gates- promulgó la denominada ‘Declaración Maya’, en la cual se reconoce la importancia crucial de la inclusión financiera en el empoderamiento y transformación de las vidas de nuestros pueblos, especialmente de los pobres, y su contribución fundamental en el crecimiento sólido e incluyente de países en desarrollo y con mercados emergentes.

Son parte de AFI más de 80 instituciones, entre ellas el Banco Central del Ecuador.

El 75% de países pobres ha suscrito la Declaración Maya, alineándose con los principios del G20, promoviendo que los países establezcan un marco regulatorio que promueva la inclusión financiera considerando que existen 2,5 mil millones de personas que están excluidas del sistema financiero mundial, considerados como no bancarizados.

En cada país hay una medición de la población no bancarizada, en el Ecuador se calcula que es más del 35%.

Si se dejara de ver de una manera politizada y más bien nos ubicaríamos conforme a la tendencia mundial en este aspecto, el esquema de dinero electrónico en el Ecuador establecido con la Regulación 005-2014-M, nos coloca en el correcto escenario regional y mundial, tal como Colombia, que aprobó en octubre del 2014 la Ley No.1735 para dinero electrónico, y Perú, que promulgó la Ley No. 29985, entre otros países.

En todos los casos, sin embargo, se trata de potencializar la tecnología disponible para promover la anhelada inclusión financiera, que ciertamente va de la mano de eliminar el analfabetismo financiero mediante soluciones diferenciadas.

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