4 de April de 2012 00:01

Sabor agridulce

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Existen diferentes opiniones, muchas veces contradictorias acerca de los proyectos y programas que ejecuta el Gobierno Nacional en ejercicio de la voluntad democrática del pueblo. Si bien es cierto ha existido un flujo de dinero considerable que ha permitido crear empleo dentro del Estado.
Planificar y ejecutar proyectos prioritarios para el desarrollo nacional, promover la inversión en sectores estratégicos, crear leyes para modernizar el desarrollo institucional, se ha podido contar con recursos de países solidarios con la ideología y filosofía política afines al Estado.
A pesar de tanto esfuerzo mancomunado de los actores sociales del Estado, un firme y patriótico liderazgo desde las altas esferas del quehacer nacional, fieles a los principios doctrinarios enunciados desde la formación del partido político mentor del gobierno.
Una política exterior convencida en la soberanía nacional, dada una historia de desencantamiento del pueblo, corrupción, inestabilidad social, posta del renacer nacional y de la revolución sincera y desinteresada por el bienestar de las mayorías relegadas a la pobreza, subempleo y abandono histórico.
El querer, planificar y hacer obra pública contiene todas las limitaciones propias de los seres humanos imperfectos y limitados a diversos factores externos e internos que no permiten muchas veces un accionar ideal conforme a la buena voluntad de los actores sociales y políticos.
Errores de forma y fondo en muchos aspectos más allá del control eficiente de los dignatarios, errores de apreciación y operatividad funcional, la redundancia normal de un discurso que se ve desgastado por situaciones más allá del control local e institucional del estado siglos de lo mismo que simplemente no se pueden cambiar por decreto y forma parte de la cultura intrínseca del pueblo.
Con elecciones cercanas el desgaste del poder es evidente la euforia popular va dilatándose ante problemas recurrentes sin visos de solución así como las propias limitaciones del Estado dejan un sabor agridulce dentro de los actores sociales del estado de naturaleza temporal y limitado por sus propias debilidades y errores.

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