16 de March de 2013 00:01

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Con profunda indignación y desagrado he leído el editorial ‘Justicia cruda’, publicado el martes 12 de enero del 2013 y firmada por el columnista Sebastián Hurtado Pérez.

A lo largo de su columna, el señor Hurtado Pérez hace referencia al histórico proceso judicial que siguen miembros de cinco nacionalidades indígenas y comunidades campesinas en contra de la petrolera Chevron; no obstante, las referencias y los comentarios emitidos por el columnista, resultan -en el mejor de los casos- poco informados y tendenciosos.  Inclusive el título escogido para su columna refleja de manera casi literal el título de la campaña mediática de desinformación que Chevron ha venido ejecutando en los últimos meses en contra de los demandantes de la Amazonía y sus representantes.  Difícilmente se trata de una coincidencia.

Haciendo eco de los documentos de prensa difundidos por la petrolera norteamericana, el señor Hurtado Pérez hace gravísimas acusaciones acerca de presuntas irregularidades que habrían ocurrido en el juicio de Lago Agrio.  El hecho de que no existan pruebas sólidas para sostener esta disparatada teoría poco parece importarle; para el columnista, las meras acusaciones se convierten en hechos, sobre todo si pueden ser hiladas dentro de una narrativa general de ataques contra el Estado ecuatoriano, sin importarle las consecuencias.

Tanto Chevron como sus aliados locales y extranjeros utilizan este tipo de acusaciones falsas para direccionar la atención de la opinión pública, lejos de lo verdaderamente importante de esta histórica batalla legal: el permanente sufrimiento de los moradores de las provincias de Orellana y Sucumbíos (principalmente mujeres, niñas y niños), y las constantes trabas impuestas por la petrolera para evitar que la justicia se vea materializada en sus vidas.

El señor Hurtado Pérez es sobrino del fallecido Rodrigo Pérez Pallares, hermano de su señora madre, quien fuera durante largos años representante legal de Texaco (antecesora de Chevron) en el Ecuador. Como tal, imagino que será de su perfecto conocimiento que su tío aceptó públicamente que la petrolera vertió alrededor de 16 000 millones de galones de agua de formación altamente tóxica directamente en las aguas de la Amazonía, bajo un esquema operacional anacrónico e irresponsable, en el cual jamás se tomaron en cuenta los impactos ambientales y la salud de las personas.

Esta “técnica” operacional de la compañía es la responsable directa de un índice de cáncer tres veces mayor a lo normal, y provocó afectaciones irreparables en los pueblos cuyos territorios ancestrales fueron destrozados. Esta es la realidad diaria de decenas de miles de ecuatorianos en la Amazonía norte del país; realidad que Chevron busca ocultar a toda costa, con la ayuda de editoriales como el publicado por el señor Hurtado Pérez.

 

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