27 de marzo de 2017 00:00

Reflexiones sobre democracia y corrupción

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Carlos Bustamante Salvador

La fragilidad humana está por el lado sensible porque es susceptible de vulneración y corrupción con las que se inactivan las ideas racionales. 
La causa de la corrupción humana radica en costumbres o moral viciada.

De allí se desencadena el predominio de los actos de aturdimiento físico y mental, el egoísmo, la soberbia, la mentira, la envidia, la ociosidad, la avaricia, la infamia, la insidia, la brutalidad, la división y todo acto criminal; actos que son negativos desde el punto de vista del deber y la moralidad, creando en la particularidad de algunas personas, emociones, pasiones, intereses subjetivos e inclinaciones por el poder ilegal y la mera riqueza material. 


En esta condición débil asumir o detentar cierto ejercicio de poder o una función social o administración pública, posibilita que algunos actúen por meros intereses ubicándose por el lado malo (violar normas, atentar contra la voluntad de los demás, coartar libertades, etc.) para lograr una ventaja económica o posición jerárquica. 


Los códigos de ética y moral no resultan efectivos frente a la corrupción del hombre, pese a que la sociedad reclama que los hombres prudentes y honestos por principio deben regir el destino de la humanidad, sin necesidad de una ley obligatoria y, así, evitar las malas actuaciones de las personas en las distintas circunstancias, ya sea dentro de las instituciones públicas o fuera de ellas, ya sea en las distintas relaciones humanas, en los ámbitos familiares y en democracia.

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