2 de septiembre de 2015 00:00

Reeditan acusación de la cual se retractó su autor

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Carmen Piedrahíta Flores

¿Qué tal? ¡Reeditan una acusación cuyo autor se retractó hace 100 años! ¿Cómo se explica que un libro escrito a fines del siglo 19 por el escritor y diplomático ecuatoriano Nicolás González sobre el asesinato del Gran mariscal de Ayacucho, que constituyó el más virulento ataque contra el Gral. J. J. Flores, con supuestas pruebas “documentales” que le fueron entregadas a González por una “personalidad” del partido liberal ecuatoriano, resulta haber sido forjada por liberales colombianos empeñados en reinvidicar a Obando, el condenado por la justicia en Colombia y por la historia? (Ya, la página publicada en El Comercio el 12 de abril de este año, sonaba raro: inculpaciones difusas, dizque ocurridas hace 100 años, más o menos anónimas –una grave- y contradictorias…)

¿Cómo es posible que al autor se le ocurra verificar la veracidad de los hechos después, no antes de difundir la infamia? Al comprobar, años más tarde, la inexistencia de documentos clave y hechos, vino la retractación formal del mismo para tratar de impedir su re-edición (como ahora se produjo -¿qué filtros hubo?) con “fines perversos”, a Ricardo Palma en Lima, a Marco Suárez en Bogotá, y en rectificación escrita el 23 de marzo de 1914 al historiador y diplomático Alfredo Flores y Caamaño, y protocolizada en el Colegio de Notarios de Barcelona.

Parafraseo y cito aquí de 2 obras fundamentales de la colección obsequiada por el Centro de Estudios del Ejército, a quienes agradezco de nuevo, emocionada por el implícito homenaje a su Primer Comandante en Jefe: Historia Crítica del Asesinato en la persona del Gran Mariscal de Ayacucho, por A. J. de Irisarri, decano del cuerpo diplomático de América Latina en EE.UU., escritor incisivo, políglota y El Gran Mariscal de Ayacucho, por Antonio Flores Jijón, versado intelectual, político, polígrafo e hijo del primer presidente ( tomo de más 800 páginas ).

Texto de la Retractación de Nicolás González: “El asesinato de Sucre fue meditado y decretado en Bogotá por el partido enemigo de la dictadura de Bolívar; tal es mi convicción íntima y sincera al cabo de los años que he vivido estudiando este asunto. Ya que la casualidad nos ha reunido en esta lejana ciudad europea, acepte Ud. la explicación leal, honrada y verídica de los hechos que han sido objeto de comentarios desdorosos y han servido de base de acusación contra el abuelo de Ud. fundador de la república y uno de los grandes capitanes de la Guerra de la Emancipación, que pudo cometer errores y faltas, pero no es el monstruo pintado por la pasión política de hombres que no tuvieron sus cualidades y han cometido faltas y errores mayores al subir al poder, que la historia sabrá castigar”.- Nicolás González

Juan José Flores fue ascendido a General en la misma arena por Sucre, fueron aliados espirituales siempre, padrino de su única hija, con doble parentesco familiar, tenían una amistad casi filial. Después de su muerte, su viuda mantuvo incólume la amistad con la familia Flores. Tenemos pruebas. Hay exhortaciones escritas por el General a Sucre pidiéndole que siga aportando a la administración del Sur, del cual era Prefecto; el Mariscal Sucre siempre se negó porque detestaba la política y vivió en 1829 más de un año tranquilo y contento, bajo la administración de Flores. ¿Dónde la rivalidad? y Bolívar los amaba a los dos: Hasta el fin, decía que Sucre era inmaculado y Flores “ángel y héroe….”

Recordemos que hasta en sus últimos escritos, el justo y respetado Jorge Salvador Lara aclaró tantas perversas y falsas acusaciones a Juan José Flores: “El Gral. Obando, en el juicio que se le siguió por el asesinato de Sucre y en el que Morillo confesó que él le ordenó matar a Sucre (antes de ser presidente de Colombia) sin prueba alguna trató de involucrar a Flores en ese horrendo magnicidio. Asimismo, son infundios acríticamente repetidos las acusaciones hechas a Flores por el asesinato de los del 'Quiteño Libre' y el intento de reconquistar América para España. “Todas estas aclaraciones las ha hecho la familia varias veces y documentadamente. ¿Hasta cuándo? ¡Es espeluznante que esta hidra de siete o mil cabezas sea inenterrable en un país que permite, como esta vez, la inmortalización impune de calumnias, aún de lo ya confesado, juzgado válidamente y ejecutoriado hace más de un siglo!

Y tenemos el retrato moral del Primer Presidente: ¿qué dice quien mejor lo conoció a él, Bolívar, en septiembre de 1830, casi a su final, en carta dirigida al Gral. Santa Cruz, luego de la separación del Ecuador de Colombia? “No dejaré de hacer mención a Ud. del General que manda en Quito y Guayaquil: en él tendrá Ud. un amigo y un gran hombre, cultive su amistad y crea Ud. que adquiere un tesoro. Este joven es la esperanza del día, tiene capacidad para todo y ambición para todo, con un corazón más generoso y una bondad mayor que su ambición. Puede Ud. creerme sobre mi palabra”. Y, asesinado el Mariscal, escribe a Flores: “Yo pienso que la mira de este crimen ha sido privar a la patria de un sucesor mío y dejar a Ud. solo en el Sur en la arena, para que todos los golpes y todos los conatos se dirijan únicamente contra Ud ”. Hay evidencia escrita, en efecto, de una oferta de 20 000 pesos de Obando a un Pereira para asesinar a Flores (Op.cit ).

Y una de muchas opiniones escritas y declaradas del Gran Mariscal sobre Flores es ésta: “Es inútil hacer recomendaciones por la conducta del Señor General Flores, gallardo en todas ocasiones y señalado siempre”.

El historiador francés André Solana afirma como conclusión de certero análisis, que “serían necesarios varios volúmenes para rectificar los errores y malevolencias de que ha sido víctima la memoria del General Flores”.

Después de leer a varios “irracionalmente” adversos a Flores, el Dr. Adam Szaszdi, catedrático de la Universidad de Río Piedras, Puerto Rico, habla en la Historiografía de la Rep. de El Ecuador (valioso estudio publicado por 'Cultura', rev. del Banco Central (No. 22, 129-143) de las distorsiones sufridas a causa de la falta de investigación y pasión política y concluye: “ Puesto que la historiografía no se debe primordialmente a santos o a héroes, sino a hombres notables, acontecimientos y tendencias, Flores participó como figura descollante en importantes eventos durante 30 años, y tuvo absoluto control del país 15 de esos años. Merece un detallado estudio de su vida, sus actos y su administración. Y esto, no para hacer justicia a Flores sino para hacer justicia a la Historia”. (Léase El Comercio, Enero 3, 1990 de A. Darío Lara: 'Juan José Flores y su tiempo'). 

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