30 de octubre de 2015 00:00

‘Combate cancelado’

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Guillermo Pérez de Castro

Es digno de encomio que no se haya llevado a efecto la pelea del siglo para zanjar diferencias ideológicas, doctrinarias, de edad y de estatura. La expectativa era enorme.

Fue anunciada ni más ni menos, con agravios incluidos, por el mismo Presidente de la República. Dos pesos pesados (gobernante y legislador), el uno más pesado que el otro, entrándose a patadas, mordiscos, puñetazos, insultos, malas señas y demás estrategias permitidas y no permitidas hubiera sido el acontecimiento político-macabro-ideológico-doctrinario-pedagógico-“cultural” más impresionante de los últimos tiempos. El escenario estaba aún por definirse, pero bien podría haber sido la Plaza de la Independencia o los amplios, cómodos y elegantes salones del Palacio de Gobierno, donde los destrozos ascenderían a millones de dólares; el uno correteando al otro, lanzándose los adornos, cuadros, sillas, mesas, lámparas y demás bienes muebles, enviándose mutuamente toda clase de epítetos de bajo y grueso calibres, mentándose a la madre; seguramente hubieran pasado por la cocina para aventarse ollas, peroles, cucharones y demás utensilios propios de la actividad culinaria, causando otros miles de dólares en pérdidas; el comedor constituía el lugar más adecuado para “servirse” recíprocamente unos cuantos puñetazos dolorososen la boca, echando a perder algunas piezas dentarias del uno ydel otro, de las propias y de las postizas, sin límite de tiempo, hasta que el uno o el otro quede irremediablemente fuera de combate, para los gusanos, y con la vergüenza de haber protagonizado el espectáculo más grotesco e incalificable de la historia republicana. Menos mal que el más pesado, en libras y en acciones, dio por cancelado el combate antes de haberlo iniciado, dando muestras de que es preferible decir “aquí huyó que aquí murió”. ¡Ese es mi país, amable, político, pacífico, ideológico, doctrinario y “cultural” al más alto nivel! ¡Qué caray!

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