27 de July de 2011 00:01

Proyecto Yasuní-ITT

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La semana pasada estuve de visita en Cuyabeno, una de las zonas más paradisíacas de nuestro Ecuador y regresar de esa sencillez tan rica de la selva para encontrarme con tantos enredos y contradicciones en la ciudad me lleva a escribir.
En Cuyabeno vimos otra dimensión de la vida, tanto por la abundancia natural como humana. La gente de la comunidad nativa en el bosque vive con lo necesario y en paz. Fue muy grato ver a la persona mayor de 96 años, feliz, vital, con su extensa familia, los alimentos de la chacra y toda la sabiduría en contacto con el bosque, el río y los animales de la zona. Encantarnos con la sonrisa sincera de los niños sanos rodeados de monos, mariposas y delfines rosados en el paisaje verde. Observar la diversidad de aves e insectos y la belleza de los árboles gigantes donde colgaban epífitas, me conectó con la alegría natural de vivir. Sé que en la vida de la ciudad tenemos muchas comodidades, pero el afán insaciable del consumismo y el poder no puede hacer que olvidemos el respeto básico a los otros y al entorno, y que esto quede fuera de las prioridades sociales y personales.
En el futuro no necesitaremos más plásticos, carros u otros bienes lujosos, vamos a necesitar aire puro y agua limpia, así como la tranquilidad viviendo en comunidad. La mejor herencia que les podemos dejar a nuestros hijos es incentivar respetar más a los demás, a la naturaleza y a sí mismos.

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