13 de septiembre de 2015 00:00

Propaganda y costo de obras

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Francisco Rosales Ramos

La agobiante propaganda oficial y las intervenciones de los ministros y otros funcionarios pretenden convencer a la ciudadanía que las dificultades económicas que afectan al país se deben a hechos exógenos fuera de control del gobierno: la caída de los precios del petróleo, la revalorización del dólar y la desvalorización de las monedas de los países limítrofes.

Sin embargo, la realidad es distinta. En efecto, el endeudamiento agresivo del Estado empezó en 2013, cuando el petróleo estaba en torno de los 90 dólares por barril.

Por tanto, ya el Gobierno no pudo en ese año sostener el acelerado aumento del gasto público. Y ya el déficit de la balanza comercial llevó al Gobierno a restringir las importaciones con aranceles e impuestos adicionales y el establecimiento de cupos, como a los vehículos, por ejemplo.

El régimen despreció e hizo mofa de los continuos llamados a restringir el gasto público dispendioso, achicar el enorme aparato burocrático y ahorrar al menos el diferencial producido entre el precio del barril previsto en los presupuestos anuales y el mayor valor percibido en la realidad. En algún momento la ciudadanía conocerá si los costos de carreteras, centrales hidroeléctricas, escuelas, hospitales y otras obras públicas son costos de mercado o están sobrevalorados.  

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