7 de diciembre de 2017 00:00

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Guillermo Dueñas Iturralde

La razón de ser de cualquier Gobierno es el velar por alcanzar el bienestar de la sociedad en general. Creo que al momento las filosofías de izquierda y de derecha deberían unirse con el objeto de apoyar a alcanzar el bienestar común de los habitantes de nuestro país, pues la situación es crítica, la herencia recibida nos obligará a llevar a cabo sacrificios para cumplir con los compromisos prioritarios a más del pago de las deudas externas e internas. Nuestra sociedad requiere una alimentación nutritiva para incrementar su índice de inteligencia. Necesita de una educación de trascendencia para producir productos requeridos por un mercado competitivo, muy exigente. El inicio de la industria robótica está programada para dentro de 3 años…

Igualmente la salud de todos los habitantes debe ser garantizada por los sistemas estatales aptos para asegurar el soporte necesario al esfuerzo físico y psicológico, que la sociedad deberá prestar para cumplir con las nuevas tareas asignadas para la producción del material sofisticado que la tecnología del mañana exigirá.Lo expuesto no es imaginación, es una realidad que se desprende de la información ya disponible al momento. Para implementar lo descrito necesitamos los medios, y para conseguir estos, necesitamos incrementar verticalmente la producción como la reducción del gasto público.

Para incentivar la producción debemos garantizar la seguridad jurídica para atraer la inversión extranjera y evitar que los ecuatorianos inviertan o lleven su capital a otras partes. Las reglas sociales que fijen las relaciones entre empresa y empleados deben ser prácticas, hermanables y respetuosas mutuamente, pues la empresa rinde con base al aporte, al esfuerzo de sus funcionarios, y el bienestar y futuro del empleado está garantizado por el éxito que alcance la empresa. Esto es, la empresa y sus empleados deben formar un solo equipo que vele por el bienestar y éxito común. En general como filosofía de nuestra sociedad debería ser mandatorio inculcar el reconocimiento del mérito ajeno. Las empresas anualmente deberían premiar al empleado que más se haya destacado, y así mismo, el Gobierno debería hacerlo con la empresa que ha sobresalido a nivel nacional e incluso debería premiarse a aquellas que ostenten tener un cierto número de empleados, quizá se les podría disminuir un porcentaje del pago del impuesto por utilidades.  

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