16 de agosto de 2015 00:00

El presidencialismo

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Gonzalo Sevilla Miño

El sistema presidencialista que ha regido en el Ecuador desde 1830 ha derivado en caudillismos, populismos e hiperpresidencialismos nocivos y perniciosos.

Hay que cambiar el sistema desde la raíz: ¿Por qué no llegar a un parlamentarismo similar al de las democracias más perfectas del mundo, para implementar una verdadera revolución en el Ecuador, que erradique de una vez por todas los personalismos de los demagogos que nos han gobernado?

Bajo el principio de la separación de poderes:
1. El Legislativo (bicameral; la una cámara legisla; la otra, fiscaliza) será elegido por voto universal y directo. Los candidatos deberán ser estadistas, constitucionalistas, juristas y especialistas en el manejo social, político y económico del país.

2. El Ejecutivo, lo conformaría un Consejo de Gobierno y estaría integrado por una amplia coalición de los partidos políticos, de acuerdo a su fuerza electoral (democracia de consenso) y sería nombrado por el Parlamento. Sus consejeros representarán a las mayorías y a las minorías, con esto, se impedirá que el poder se concentre en manos de una sola persona, consecuentemente, sus integrantes deberán buscar acuerdos para la toma de decisiones gubernativas. En caso de discrepancias en el consejo, sería el Parlamento la segunda instancia y, de persistir la falta de consenso, la tercera instancia sería el referendo.

3. Poder Judicial, que estará integrado por jueces supremos de integridad probada y serán nombrados por el Parlamento.

Con este modelo se acabará la dictaduradel voto, como sucede en la democracia mayoritaria, dejaremos de botar presidentes cada vez que nos demos cuenta que nos equivocamos y conseguiremos la estabilidad política que tanto necesitamos.  

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