3 de febrero de 2016 14:15

La carta a los trabajadores

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Miguel Ángel Puente A.

La carta enviada a los trabajadores en días pasados por el Ministerio de Trabajo, me recordó al mismo Manifiesto del Partido Comunista que Marx y Engels hicieron público en 1848 y que ahora parece vigente en pleno Socialismo del Siglo XXI, sin dejar de recordar el pensamiento del Che Guevara, como mítico personaje de la lucha de clases.

Pensé que se trataba de un pasquín; sin embargo, mi sorpresa se acentuó cuando desde Santa Elena, el Sr. Presidente reivindicó su autoría y defendió la legalidad de su envío.

El texto es eminentemente político y, por lo tanto, no podía difundirse como se lo ha hecho, por violar expresamente, entre otras, las siguientes normas legales: 1) El Art. 24 de la Losep que prohíbe a los servidores públicos: g) Ejercer actividades electorales, en uso de sus funciones o aprovecharse de ellas para esos fines; 2) Los Arts. 44 literal h) y 447 del Código de Trabajo, que prohíbe tanto a los empleadores como a trabajadores la realización de propaganda política; y, 3) El Art. 275 del Código de la Democracia, que califica como infracción la realización anticipada de actos de precampaña o campaña.

El objetivo de la misiva fue recordar “el compromiso de esta Revolución con la clase obrera”; sin embargo, creo que las actuaciones valen más que mil palabras o mil cartas. Y basta recordar algunas de ellas: el Decreto 99, que permitió el pago de las jubilaciones de los funcionarios públicos con bonos del Estado, lo cual resulta menos revolucionario que ofrecer a las amas de casa una jubilación después de 20 años, sin garantizar que existan los fondos suficientes. El límite a las utilidades de los trabajadores. La reforma al Art. 237 de la Ley de Seguridad Social, que suprime el aporte estatal del 40% para las jubilaciones. El Decreto 813 que autorizó la compra de renuncias obligatorias en el sector público. El incremento del desempleo en el 2015.

Queda demostrado que las reivindicaciones laborales no se consiguen con cartas, pues corren el riesgo de pasar a la historia como un simple manifiesto.  

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