9 de agosto de 2017 00:00

Pacificar el Imperio, su bandera

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Hugo Rea Melo

En el libro Memorias de Adriano encontramos poesía, filosofía, historia, mitología; pero sobre todo descubrimos el pensamiento revolucionario de un gran hombre (Emperador Adriano siglo II); quien empezó por desafiarse a sí mismo, cuando de forma velada minimizaba el poder que ejercían los dioses sobre el hombre. -La libertad, la igualdad, la justicia, consideraba valores consustanciales al ser humano, los mismos que en el siglo XVIII serían enarbolados por Montesquieu, Voltaire y Rousseau; -Pretendió, crear “muchas Romas”, homogeneizando a los pueblos, a través de la flexibilización de las leyes, para crear una verdadera identidad romana; - Su visión integracionista, le llevó a pensar en construir una gran cuidad en el emplazamiento que ahora ocupa Israel, dada su encrucijada geográfica y comercial; -Hizo del ejército una cuña civilizadora que sirviera de puente entre el pueblo romano y el bárbaro, evitando enfrentamientos estériles; -En lugares donde eran maltratados los esclavos los suplantó por colonos libres y castigó a sus opresores; -Ordenó que fundieran la vajilla de plata del palacio para acuñar monedas para las arcas fiscales; -Practicó la frugalidad, al prohibir banquetes suntuosos; -La mujer no será forzada a contraer matrimonio, manifestó y combatió la poligamia. Si sus pensamientos, no hubiesen chocado con los del espíritu de su época, su obra habría continuado, ahorrándole al mundo occidental siglos de oscurantismo.
Adriano decía “Cuando el esclavo que limpia las cloacas de la ciudad y el bárbaro hambriento de las fronteras, sientan que forman parte de Roma se logrará la pacificación del Imperio”.  

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