14 de junio de 2016 00:00

¿‘Movilidad sostenible’ para la capital ecuatoriana?

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Vanessa Guerra M.

En la entrevista con el alcalde Mauricio Rodas, que Diario EL COMERCIO publicó el pasado domingo 15 de mayo, llama la atención que un discurso con afirmaciones tan a favor de ‘Movilidad sostenible’, incluya tantas contradicciones.

Para empezar, el enorgullecerse de la construcción del puente más largo de la ciudad es solo una muestra de la apuesta de esta administración a políticas anacrónicas que siguen priorizando un modelo de transporte urbano basado en los automóviles particulares.

Existe evidencia de sobra que ejemplifica como la expansión vial como estrategia de movilidad, no solo que no resuelve el problema en el corto plazo, sino que también aumenta el trafico en el largo plazo.

John Holtzclaw afirma que con este tipo de medidas -conocidas como trafico inducido-, se consume del 10-50% de la nueva capacidad vial inmediatamente, y del 50-100% de esta, en un plazo menor o igual a cuatro años.

¿Y las nuevas paradas del trolebús? Movilidad sostenible es mucho más que comprar buses, bicicletas eléctricas, y hacer un boulevar.
Quito necesita un plan estratégico que, con políticas a corto, mediano y largo plazo, incentive practicas de movilidad responsable y fomente usos mixtos; que fortalezca el sistema de centralidades de la ciudad y su conexión con la periferia; que fomente intermodalidad de los transportes públicos y que promueva movilidad no motorizada; que busque tecnologías más eficaces para limitar los impactos ambientales generados por los vehículos.

Un programa estratégico que también proponga un equilibrio entre los peatones, las bicicletas, el transporte público y los vehículos privados; que busque inclusión de los sectores más vulnerables de la capital ecuatoriana, entre otros.
Sabemos que Quito es una ciudad con mucha deficiencia de infraestructura y con presupuesto limitado. Pero esta es la misma razón por la que deberíamos establecer un plan estratégico de Ciudad como guía, para que los pasos que demos sean firmes y las soluciones a largo plazo.

No podemos seguir planificando la ciudad de manera reactiva, es hora de una planificación proactiva.
Tristemente, parece que ante un discurso incoherente y ante la dramática ausencia de una estrategia de desarrollo sostenible para la ciudad, los quiteños hemos decidido callar, cuando hay tanto que cambiar.  

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