30 de diciembre de 2015 00:00

La realidad de un país enfermo

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 41
Triste 27
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 15
Francisco Rosales Ramos

En las circunstancias de contracción de la economía ecuatoriana (la palabra crisis está prohibida), la similitud entre economía y medicina es cada día más evidente:

lo primero que una persona requiere para su curación, es tomar conciencia de que está enferma. Si niega esa realidad, será imposible que acepte el tratamiento que le curará, pero que podrá traer algunos efectos dolorosos.

En segundo lugar, el médico deberá actuar oportunamente y con conocimiento de la materia. Si el galeno esconde la cabeza, yerra en el diagnóstico o por cualquiera razón no adopta las medidas que demanda la enfermedad, esta se agravará. O si por miedo a que el enfermo le reclame por los efectos secundarios (dolores, incomodidades, fiebres altas o similares), se abstiene de recetar los fármacos necesarios para recobrar la salud del paciente, este entrará a “cuidados intensivos” y cuando finalmente se sustituya al médico tratante por un profesional serio y responsable, será necesario administrar fármacos de gran potencia que eliminen las causas de la enfermedad, no importa los graves efectos secundarios que experimente el paciente. El más claro ejemplo: la quimioterapia.Similar fenómeno ocurre con la economía ecuatoriana: ha entrado en una fase de aguda crisis que el gobernante se niega a reconocer.

La pérdida de empleo ha entrado en un ritmo galopante. La propaganda oficial repite cansonamente que “lo peor ha pasado” o que las “mentes lúcidas” han manejado la crisis con singular competencia y habilidad. O que sus incontables doctorados Honoris Causa son un reconocimiento a su excepcional capacidad para manejar la economía. O que no tienen problema si el petróleo baja a 20 dólares el barril porque su singular inteligencia ha previsto esa posibilidad y saben cómo manejarla.

Y claro, en el 2016, año electoral, no tomarán las medidas necesarias para combatir la crisis, porque resta votos y va en contra de su objetivo único: permanecer en el poder. Es mucho más fácil suministrar calmantes (endeudamiento de cualquier origen y a cualquier costo) que bajen la fiebre, aunque ello signifique agravar la enfermedad y que luego sea otro quien deba recurrir a medicinas más potentes que causan dolorosos efectos secundarios. Esta es la realidad que enfrenta el país y ese el costo de haber elegido a socialistas del siglo XXI para que conduzcan la nación por largos nueve años. 

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (3)
No (1)