20 de abril de 2016 12:34

Las nuevas vías a Cumbayá

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Nicanor Vicente Fabara Núñez

En la administración del general Moncayo, el Municipio de Quito trató sobre dos propuestas para lograr una vía de circulación moderna hacia el valle de Tumbaco. La propuesta aceptada fue la que hoy usamos como túnel Guayasamín. Esta propuesta la hizo una firma argentina, de ingrato recuerdo para los quiteños, de nombre Castelone. Según los datos de aquel entonces, el túnel costaría alrededor de 17 millones de dólares, esto es lo que se informó a la ciudadanía, sería construido con metodología muy moderna y en un plazo realmente corto.

Nada de esto sucedió, los métodos constructivos no eran nada modernos y finalmente terminaron arrendando equipos a otras constructoras locales; el plazo de construcción real fue muy largo y los costos finales se dice que llegaron a los 54 millones de dólares. La Contraloría intervino, hubo problemas que aclarar y finalmente tuvimos como resultado una ruta no muy moderna; apenas de dos vías y que ha quedado, en muy poco tiempo, sin ser de la utilidad que se pensaba.

La propuesta descartada vino de un consorcio japonés que ofrecía resolver el problema mediante un sistema de puentes voladizos, que hoy en día los está proponiendo, de manera similar, la Administración Municipal actual.

Puede ser que sea buena la solución, la proponen en asociación con un grupo chino. Al analizar lo publicado en el Diario EL COMERCIO, vemos como el método usado por el actual gobierno para realizar obras; se repite, en este caso, como copia al carbón: no se informa quienes son los responsables técnicos del proyecto, qué consulta se ha hecho con los barrios afectados (hoy se dice socializar el proyecto), tampoco se habla de presupuestos y responsabilidades técnicas, plazos y demás datos que de una obra de esta importancia, deben darse en detalle.

A todas luces, el señor Alcalde es un político con fuertes ambiciones, lo cual está bien, lo que nos permitimos insinuar es que retomemos el concepto del amor a Quito en primer lugar y el afán de servicio que concejos municipales, ya muy antiguos, tenían para servirle a Quito; claro que son otras épocas, actualmente el Concejo se elige a través de la intervención de los partidos o movimientos políticos. Antes los concejales no eran sino gente de gran amor a Quito, no tenían sueldo, ni asesores, ni vehículos, pero hacían buenas obras para el Quito de aquel entonces.

Le encarecemos al señor Alcalde quien tiene gran afán de hacer obras, que organice mejor sus proyectos, que los ordene metódicamente, para que cuando consulte con la ciudadanía, las objeciones o sugerencias sean también, muy válidas.

En el caso del que estamos hablando: ¿Cuál va a ser el flujo a obtenerse? ¿En qué tiempo mejoraremos los quiteños nuestro traslado al valle de Tumbaco en ida y regreso? ¿Cómo se va a resolver la afectación a los quiteños que viven alrededor de la Diego de Almagro y el Parque Argentina?

En otras palabras, señor Alcalde: es encomiable su afán de servicio, considero que tiene un grupo de cercanos colaboradores de gran valía. Tendrá que luchar para lograr convencer a los señores concejales de que lo primero es servirle a Quito y luego, muy en segundo término, debe quedar el afán de ellos y suyo, de sobresalir políticamente. Esto podría venir como resultado de gestiones óptimamente realizadas.

Hay ciudades en nuestras América Latina que ya nos dan buen ejemplo de cómo se debe servir al desarrollo de las grandes urbes; tomemos, señor Alcalde, esos ejemplos y luchemos para ponerle a Quito en esos niveles de desarrollo urbanístico. Es verdad que contamos con un patrimonio histórico mundial que debemos cuidarlo y que nos enorgullece. Pero también es verdad que nuestra urbe deja mucho que desear en otros aspectos fundamentales: tránsito, aseo, disciplina ciudadana, rotulación, transporte urbano, etc.

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