2 de agosto de 2014 00:00

Lavado de manos

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Alfredo Gallegos Chiriboga

El Sanedrín llevó a un reo a quien acusaba de instigador contra el César. Y le pidieron que lo crucifique. Y fue interrogado por el gobernador romano de quien se esperaba que haga cumplir la ley sin miramientos. Y sin hallar mérito y para liberarse de esa situación el Prefecto lo remitió al Tetrarca Galileo. Este lo devolvió aduciendo no tener competencia. Nuevamente el acusado regresó ante el gobernador. Y la acusación cambió a que el reo se declaraba Dios. Y en un intento por liberarse trasladó esa responsabilidad al populacho que pedía la pena de muerte. Debían escoger entre dos reos, a uno se le perdonaría. Sucedió

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