11 de enero de 2016 00:00

El fin de una obra

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Jaime Eduardo Almeida Reyes

El barrio de La Vicentina, ubicado al centro oriente de Quito, está muy ligado a la comunidad religiosa dominicana.

Fue fundado por el religioso P. I. Jácome y más tarde, en los años 60 del siglo pasado, se construyó la iglesia, el Pensionado San Vicente y la casa parroquial, gracias al trabajo tesonero de otro dominico P. Julio Rivadeneira.

El centro educativo, por diferentes razones, se halla en crisis desde hace algunos años, frente a lo cual la Orden Dominicana, sin considerar alternativas de reactivación y superación de los problemas, ha tomado la decisión de cerrar la escuela, derrocar los edificios para convertir el espacio en “conjunto habitacional”, y dejar sin este servicio a la comunidad del sector.

Resulta inaudito creer que los máximos personeros de esta orden religiosa, tengan en mente semejantes planes, sabiendo que la obra física fue construida con aportes de los vecinos del barrio para cumplir una función educativa.

Resulta insólito creer que se pretenda echar al suelo la obra de un religioso de su propio hábito, que a lo largo de su vida trabajó con pasión y esmero para educar a más de 60 generaciones deniños de la ciudad de Quito.

Desde estas líneas, hago un llamado a las autoridades de la ciudad y del Ministerio de Educación, para que se encuentre una solución a este problema y la Escuela San Vicente continúe funcionando en el tiempo venidero.

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