9 de noviembre de 2015 00:00

El moderador

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Miguel Ángel Puente A.

El reciente debate tiene varias lecturas. Para unos, el Presidente lo ganó; para otros, fue una derrota. Entre los economistas críticos Mauricio Pozo mostró solvencia académica y técnica para sostener que algo no andaba bien y recalcó las bondades de los “fonditos”. Dahik igualmente increpó al modelo económico la crisis; pero tuvo cierta resistencia por su pasado, que fue reiteradamente recordado. Ramiro González fue político, quiso medirse como candidato, alzó el tono de voz y realizó un par de revelaciones, que eran secretos a voces.

Este, más que un debate, puede considerarse como el Enlace Ciudadano No. 447.1; pero en miércoles. Se dio el resumen de actividades, no de la semana; sino de los 8 años en los cuales la economía, a decir de su autor, ha sido muy bien manejada. Se denostó a los adversarios, se los descalificó, se recordó el pasado que no volverá, se los ironizó con risas y, en vez de dirigirse a los pobladores de una localidad, ahora se dirigió a los alumnos de economía, igualmente seleccionados para que asistan al evento. Otras coincidencias, el power point, la escenografía y el Mashi José Maldonado, ahora reemplazado por el “moderador”.

Según el Diccionario de la Real Academia, moderador es la persona que preside o dirige un debate, asamblea, mesa redonda. Proviene del latín moderator, del verbo moderor, moderaris, que significa mantener dentro de los límites. A esa raíz se suma el sufijo tor, que se refiere a agente. Es decir, etimológicamente se podría definir como “el que mantiene el debate dentro de los límites”.

Esto precisamente es lo que no se observó en el famoso debate, pues el moderador -lejos de mantener el equilibrio, la imparcialidad, el orden- se mostró como un inquisidor de los economistas críticos y como un interlocutor del Presidente, a quien concedió generosamente el tiempo, que a sus adversarios les privó con rigurosidad. No dirigió ni presidió el debate, menos lo mantuvo dentro de los límites, mostró respeto reverencial y evidente antipatía por los otros. Fue, precisamente, el claro ejemplo de lo que no es un moderador.  

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