1 de mayo de 2016 00:00

Lecciones del terremoto

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Martha Luz Forero Castellanos

Luego del impacto que causó el terremoto, la atención del país se ha enfocado en las zonas devastadas para hacer llegar la ayuda necesaria a los damnificados. Se ha sentido y visto un Ecuador solidario y optimista, porque se va a salir avante de esta dura prueba. Es una actitud de confianza, de fe y de esperanza en el porvenir.

Pero para empezar a afrontar el proceso de reconstrucción se tendrá que reflexionar y debatir con seriedad sobre las lecciones que deja la catástrofe. Lecciones que han costado cientos de vidas.

La primera tiene que ver con que las nuevas construcciones que se erijan deberán ser sismorresistentes, con estudios de suelos de verdad y con cálculos estructurales de verdad, realizados por profesionales de verdad y revisados y aprobados por funcionarios públicos que no se dejen sobornar para dar vistos buenos a construcciones que no cumplen con las especificaciones técnicas. Ese fue el gran detalle de los edificios y casas que se cayeron con el terremoto del pasado 16 de abril. La corrupción quedó en evidencia sobre los escombros de las edificaciones que colapsaron.

Será necesario hacer un seguimiento a las construcciones con fiscalizadores idóneos y honestos. Porque en ocasiones una cosa es lo que está en los planos y otra lo que se construye. También los dueños de las edificaciones tienen su parte en la tragedia por dejar en las manos de los maestros de obra la responsabilidad única de las construcciones. Está comprobado que lo barato sale caro y eso ahora también quedó en evidencia sobre los escombros.

Otra gran lección es que al país le falta preparación en todo sentido ante una catástrofe como la que vivimos. Son escasas la infraestructura, la logística y la capacitación para enfrentar con más técnica y serenidad otra eventualidad como el terremoto recientemente vivido. Se rescata la inmensa solidaridad de los ecuatorianos y el corazón que han puesto para ayudar a los miles de damnificados. La tarea es larga y no se deberá bajar la guardia ni dejar de aplicar las lecciones tan duramente aprendidas. 

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