3 de May de 2015 18:00

Una lección del Papa

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Héctor E. San Martín Jordán

El Santo Padre dio una lección de tolerancia democrática en días pasados por su decisión de recibir con quinta vez a la Presidenta de Argentina. El periodista argentino Alfredo Leuco con más de 50 años de actividad y gran prestigio, publicó una carta abierta al papa Francisco, en la cual en forma dura pero respetuosa le reclamaba el hecho de entrevistarse con Cristina en un año electoral que Argentina se juega su destino histórico para salir de estos gobiernos totalitarios, dominantes y enemigos de la prensa y de la libertad, entre otras barbaridades como el despilfarro de los fondos públicos. El Papa decidió llamar al periodista y le dejó un mensaje para hablar tan pronto les sea posible. El Santo Padre insistió y logró comunicarse con Leuco quien intentó disculparse con Francisco si la carta le hubiese molestado. El Papa, con la sabiduría que le caracteriza, le dijo que no se preocupara y que él era el que tenía que pedir disculpas ya que creía que al recibir a la presidenta Fernández estaba cometiendo un error que ya no lo podía remediar, por lo que se disculpaba él no solo con el periodista sino con el pueblo argentino y le dijo que como Papa y como hombre puede cometer errores. Magnánimo, sabio y humilde, el Papa reconoció el papel de la prensa no solo en este caso sino en todos y en el mundo, más allá de que a veces sean injustos. No insultó, no despotricó, no desautorizó, no humilló, etc., etc. a nadie y le autorizó y pidió al periodista hacer pública la conversación. Todo esto con relación a la visita que el presidente Correa hizo al Papa. Estamos cansados de que el Presidente nos trate mal, nos insulte, nos humille en todas las sabatinas, en una intolerancia no propia de un buen cristiano. El presidente Correa no tiene derecho de ofender a quienes somos sus mandantes así estemos en orillas diferentes y que somos quienes le pagamos a él y a todos los funcionarios públicos, que son innumerables, todas sus comodidades y canonjías. Que Dios y el Papa iluminen el espíritu cristiano del Presidente, para el bien del Ecuador.

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