22 de September de 2013 00:01

¿Quién le pone el cascabel al fútbol?

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El fútbol es la actividad deportiva que más cautiva a los ecuatorianos, pero a la vez la más peligrosa de disfrutar en vivo. La agresividad ha ido creciendo en forma apresurada a tal punto que cada vez asisten menos niños y damas a los escenarios, pues los padres y esposos, en salvaguarda de su integridad física y psicológica, han optado por no convidarlos.
El Ministerio del Interior en una decisión desatinada, por decirlo menos, ha dispuesto retirar a la Fuerza Pública del interior de los escenarios deportivos, decretando por tanto, "juego libre" a la agresividad. Los comunicadores deportivos, dirigentes y aficionados claman por un marco legal que frene esta lacra social. Respecto del tema, coincido plenamente con el criterio del connotado jurisconsulto y columnista de este diario Dr. Enrique Echeverría: "En el Ecuador no hay falta de leyes sino parcial o total aplicación y cumplimiento de las normas". El agregado legal vigente al Código Penal por más de siete años, puntualmente reza: "Los incitadores o responsables de hechos de violencia dentro de los escenarios deportivos o en sus inmediaciones o demás lugares que por su capacidad puedan albergar reuniones masivas de público, antes, durante y después del evento deportivo, artístico u otros espectáculos y que causaren lesiones a terceros, serán reprimidos con uno a tres años de prisión". Muchos de estos actos violentos provocados por aficionados, tienen que ver con el consumo de drogas y licor, cuyo control también compete a la Fuerza Pública.
Capítulo aparte merece el tema de los sueldos de jugadores y cuerpo técnico de la mayoría de equipos cuyas economías han colapsado o están a punto de hacerlo; cómo no colapsar con sueldos que no se compadecen con la realidad; un futbolista que gane en un mes, lo que un médico en más dos años y un profesor, en casi seis años.
Alguien tiene que poner el cascabel al fútbol o terminaremos convirtiendo a los estadios en campos de batalla y a los equipos, borrados del planeta o financiados con dineros de dudosa procedencia.


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