2 de noviembre de 2017 00:00

La laguna de La Carolina

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Marcia Stacey Ch..

La historia nos cuenta que el Inca Conquistador Guaynacapac tenía una casa que daba a la laguna de La Carolina, en Quito, llena de totoras, patillos, garzas, apangoras, preñadillas y allí descansaban en hamacas, pescaban y cazaban.

La laguna se fue secando y las tierras de la señora Carolina Barba pasaron a manos del Municipio de Quito.

Esas tierras pantanosas fueron así por muchos años, solo eso: “tierras pantanosas’’. Cuando creció la ciudad se construyeron los tanques de agua para Quito, donde hoy es un Centro Comercial. Con los grandes Proyectos de Papallacta y La Florida, se cerraron esos tanques, pero el agua sigue su curso normal y con los torrenciales lluvias de meses pasados, y de los próximos, la laguna que fue… quiere crecer y se llena de agua. Como ya no puede crecer, se desfoga en las quebradas del Inca, Zámbiza, Cocotal, Machángara y desfogan en el Río San Pedro…que también está seco, para llegar al Guayllabamba, al Pisque, y al Chiche, de allí a la Costa, para formar el Esmeraldas.

La naturaleza sigue su curso, sobre casas, edificios, calles, parqueaderos y más, que interrumpen su curso.

Por esta razón, antes de hacer una obra, se debe revisar su historia o la consecuencia las vemos luego, luego y vienen los sustos.  

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