10 de marzo de 2017 00:00

La Democracia, una Causa

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Julio César Palacio Barberán

Las noticias en nuestro país muestran la cantidad de dificultades que estamos pasando, por enumerar algunas, vemos que por necesidades económicas los constructores, maestros que se jubilaron y otros inversores de infraestructura, recibieron su pago en bonos, que al negociar, su valor tiene una pérdida que fluctúa entre el 17% al 35%.

Al IESS, el gobierno borró la deuda de USD 2 506 millones, lo que perjudica no solo al fondo de pensiones, sino que causa deterioro al principio del sistema solidario, con peligro de quiebra al consumir paulatinamente sus reservas. Al momento las atenciones de salud se han diferido a extremos que en algunos casos han causado la muerte a algunos afiliados, al no ser atendidos con la prontitud que requerían.

Otras noticias nos traen que víctimas de accidentes buscan a choferes fugados o las cantidades de asaltos, robos y muertes a los ciudadanos se los realiza con descarada alevosía y muchas veces a la luz y paciencia de la comunidad. Podríamos seguir enumerando otras falencias del sistema, aunque las respuestas las tenemos. Por falta de dinero en el gobierno; por falta de leyes en las que las empresas deban ser solidarias con los errores y accidentes de sus empleados, pues ellas tienen el currículo de choferes con todos sus datos y por razones de liquidación de servicios, también conocen quienes estaban a cargo del vehículo accidentado; en el último caso influyen, la falta de educación, la estrechez económica y falta de controles eficientes por parte de las autoridades, entre otras.

Según Aristóteles: “El cambio tiene una causa y un fin”. Por lo tanto debemos hacer cambios en nuestra democracia para erradicar errores como los que estamos viviendo y poder llegar a un fin que realmente mejore y nos ayude a lograr el mayor bien que sea aplicable a todos nosotros. Actuar esencialmente bien nos llevará a conseguir el bien planificado, o dicho de otra manera, de lo que está hecha la esencia será su resultado, o lo que se siembra se cosecha.

Para conservar la virtud moral, es necesario que nos mantengamos con libertad, libres de temores, con la mirada clara viendo el horizonte, sin tratar de herir o causar daño, buscando un punto de equilibrio que traiga justicia para alcanzar la paz y tranquilidad en nuestra comunidad.  

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