29 de noviembre de 2016 00:00

Grandeza y pequeñez

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José M. Jalil Haas

El concepto de grandeza, aplicado a un ser humano, implica una gran cantidad de características, que a mi juicio, deben confluir simultáneamente en una persona para que merezca el título de grande.

Para ser grande se requiere de una altísima sensibilidad social y de una percepción de futuro que garantice el bienestar de los demás. La sensibilidad solamente se produce cuando la persona que la tiene posee un grado de cultura alto. No hay sensibilidad sin cultura.

No puede llamarse sensibilidad social a un discurso solidario de apariencia: defiendo a los pobres mientras vivo, a su costa, opulentamente. Cuando se hace esto, es pequeñez.

Grandeza se evidencia cuando hay tolerancia, cuando se respeta a los demás: su pensamiento, su opinión. No hay tolerancia cuando se reprime al que opina contrario, cuando se cercena la opinión ajena que no es favorable a su persona. Esto es pequeñez. No se respeta a los demás cuando se ridiculiza su pensamiento u opinión, eso también es pequeñez.

Grandeza se pone de manifiesto cuando, ejerciendo un poder, se planifica en función del bienestar de los demás, de la realidad de un país. El calificativo de grande se aplica cuando los resultados son acertados. No existe planificación en función de una ideología, de manera empecinada, sin que importe que esa planificación fracase.

Grandeza se demuestra en el trato a los demás: respetuoso y cordial aunque no se comparta el pensamiento o las ideas.

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