13 de noviembre de 2015 00:00

Rumiñahui y el volcán

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Luis Vargas Hinostroza (O)

El GAD de Rumiñahui ha anunciado públicamente el inicio de la construcción de varias obras de mitigación para reducir el impacto de la inminente erupción del Cotopaxi, luego de minimizar y rechazar la exigencia de un centenar de ciudadanos que representando al valle de Los Chillos, hicimos un plantón ciudadano combativo, el 26 de agosto. Mientras el Municipio se preparaba para las fiestas, exigimos se haga obras de mitigación, y el Alcalde, dándonos las espaldas, nos dijo: “No pasará nada”, “las obras de mitigación son un juego de niños”. Hoy en buena hora, a su edad, se ha puesto a jugar este “juego de niños” para salvar como es su obligación las vidas de quienes por dos períodos le hicieron Alcalde.

Como simple ciudadano preocupado por la vida de nuestro país, sin banderas políticas invoco y convoco desde EL COMERCIO, a la gran unidad nacional, en especial a los habitantes de las provincias de Pichincha, Cotopaxi, Tungurahua, Napo, Pastaza, Orellana, Imbabura, Esmeraldas, Santo Domingo de los Tsáchilas, para que nos articulemos, en un gran objetivo nacional, frente al imperturbabilidad del Gobierno, de los municipios afectados, de las prefecturas, de la Secretaría Nacional de Riesgos, para exigir que para mitigar la que puede ser la más grande catástrofe de todos los tiempos en el Ecuador, y evitar el terrible flagelo de los flujos de lodo y escombros (lahares), que puede destruir ciudades enteras, se construyan en toda la periferia del volcán embalses de decantación, muros de hormigón en masa, presas de contención, grandes quebradas de contención hechas por el hombre, diques de orientación y zonas de depósito de los abanicos laháricos. Debe hacerse limpieza de los cauces de los ríos, para facilitar que los lahares corran sin causar graves consecuencias.

En época de crisis económica, electorera, en medio del pánico de este fenómeno natural, unido a la necesidad de supervivencia humana diaria en un país más caro que EE.UU., ni la ciudadanía ni los políticos podemos ver el bosque. Estamos en el absurdo de la expresión “los árboles no nos dejan ver el bosque”. Nos han vendido la idea de que es suficiente con estar alertas, haciendo simulacros, sirenitas compradas al apuro y a última hora, manipuladas por la voluntad humana, y nadie ha visto el bosque pensado en soluciones prácticas para salvar ciudades, con las vidas de millares de familias, sus viviendas e incluso infraestructura pública, como puentes, carreteras, hospitales, cuarteles policiales, cárceles, escuelas, la vida silvestre y el ganado.

El poder de turno nos ha inducido a la política del cordero en el camal, que espera inocente, obediente y pasivamente su muerte, sin reclamo, sin reacción y sin conciencia de que va a morir y se puede hacer obras para que esta tragedia no acontezca.

En el país de Estado de Derechos, la vida que es valor supremo y fundamental de miles de familias afectadas se la ve con desprecio, vale menos que un dispendio en propaganda y buen vivir. Es hora de decir basta de derroche y salvemos al país. La inversión en la mitigación es apremiante y necesaria, pues este desastre afectará a todo el Ecuador. Si las autoridades no hacen estas obras, la historia y la ciudadanía, en la que me encuentro, acusaremos a los negligentes.

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