31 de agosto de 2014 00:05

Fábula

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Ciro Andrade

Cuenta Esopo que un lobo, hallando un cordero descarriado, resolvió no atacarlo simplemente, sino encontrar algún motivo para justificar su derecho a comérselo. Le dijo: “Señor, el año pasado usted me insultó groseramente”. “De hecho”, baló el cordero con tono lastimero, “ni siquiera había nacido”. Luego dijo el lobo, “usted pasta en mi territorio”. “No, buen señor”, respondió el cordero, “aún no he probado la hierba”. Una vez más insistió el lobo: “Usted bebe de mi pozo”. “No”, exclamó el cordero, “jamás he bebido agua, pues la leche de mi madre es a la vez comida y bebida para mí”. Tras lo cual el lobo se le abalanzó y se lo comió, diciendo: “¡Bueno! No permaneceré hambriento, a pesar de que refutas cada una de mis acusaciones”. Si el gobierno ya puso sus ojos en el suculento Fondo de Cesantía del Magisterio, no habrá argumento capaz de disuadirlo. 

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