19 de February de 2015 19:18

El escarnio

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Pablo Santiago Jarrín Valladares

Recientemente, un dibujante fue perseguido por criticar a un asambleísta por su falta de habilidad al leer. Aunque su castigo fue la muerte, la crítica que realizaban los dibujantes de Charlie Hebdo contra figuras religiosas, y la religión en sí misma, era respuesta frente a los abusos, incoherencias y actos violentos que vienen desde los credos de fe.

Proponer que las religiones son intocables y que no es posible criticar o incluso burlarse de estas, es tomar una posición que resguarda al absolutismo y fundamentalismo. Estos últimos mantienen bajo el yugo teocrático a millones de personas e incuban las monstruosidades de la religión militante.

Si alguien reacciona con violencia frente a dibujos como los de Charlie Hebdo, la culpa no proviene de quien valientemente se burla del poder religioso. Valor con el que se mantuvieron firmes en Charlie Hebdo, a pesar de las amenazas de muerte. Hoy, más que nunca, frente a la irracional y siniestra sombra del fundamentalismo, es necesaria la crítica.

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