9 de diciembre de 2015 00:00

Enmiendas y atropellos

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Francisco Rosales Ramos

Lo acontecido con la transitoria a la reforma de la Constitución para la reelección indefinida, confirma la absoluta concentración de poderes en el Jefe de Estado y la consecuente necesidad de que la ciudadanía recurra a las manifestaciones pacíficas en las calles, como la única vía para que se respeten sus derechos.

En efecto, fue suficiente que el jefe exprese en una sabatina que era necesario introducir una norma transitoria en las reformas que con el nombre de enmiendas ha aprobado la mayoría sumisa de la Asamblea, para que los diputados oficialistas hagan méritos redactando y aprobando inmediatamente la tal transitoria para que el líder pueda reelegirse indefinidamente a partir de 2021.

Más allá de la sinceridad de la transitoria -sujeta en definitiva a las conveniencias político electorales del momento y a las decisiones que adopte la servicial Corte Constitucional- constituye prueba plena de que en Ecuador existe un solo poder que controla todas las funciones del Estado. No ha sido la Asamblea el origen de la transitoria.

Ni siquiera el autor de la iniciativa ha enviado una propuesta formal para su adopción. Una expresión desde la tarima ha sido suficiente para que los asambleístas cumplan sin chistar la orden del supremo.

Ello en medio de una penosa concentración de diputados principales y alternos encerrados en el redil de la Asamblea y cientos de buses -los vi personalmente- que trajeron a Quito miles de personas para rodear la sede y respaldar la voluntad única.

Y el Legislativo ha actuado de manera inmediata, presidido por una persona de “iluminada inteligencia y profundos conocimientos jurídicos” que sostiene, sin rubor, que las reformas a la Constitución son necesarias para asegurar la permanencia del proyecto político de la RC.

Entonces, captados de manera desembozada todos los poderes y las instituciones y sin posibilidad real de ejercer control sobre la legalidad y la legitimidad de las decisiones, a la ciudadanía no le queda otra alternativa, en defensa de sus derechos, que no sea su presencia masiva en las calles, pero de manera ordenada y pacífica.  

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