14 de julio de 2017 00:00

Educación ultrajada

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Cristóbal Flores Cisneros

Todos los días las redes sociales y los medios, dicen algo acerca de la educación, a veces para dar alguna información, otras para comentar de algún hecho aislado en algún plantel; y de repente para destacar algo importante que con frecuencia ocurre en centros infantiles, escuelas, colegios y universidades. Educación, universalmente reconocida como el derecho humano más importante ha sido también el derecho más mal tratado y ultrajado, no ha tenido la suerte de otros sectores que gozan de espacios estelares y de primera plana. Pero siempre habrá quijotes que soñamos con el despertar de la ética y la razón para aceptar que todos somos culpables del mal trato y ultraje. Solo pregunto: ¿Es la educación el área principal de las políticas de Estado, como manda la Constitución? ¿Si las escuelas, colegios y universidades, constitucionalmente fueron creados para educar, educan o solo instruyen? ¿Será que corrupción, drogadicción, atracos, desfalcos, robos al erario nacional, prostitución, drogadicción, terrorismo, violaciones, feminicidio, maternidad temprana, violencia, descomposición familiar, pobreza, migración masiva, desempleo y ese abanico de problemas que están llevándonos al abismo pueden ser combatidos con endurecimiento de las leyes, cárcel y castigos? ¿Qué están haciendo los centros escolares para garantizar el destino social y el bienestar de las nuevas generaciones? ¿Hay un plan nacional de educación que defina el deber ser del país en los tiempos que vienen? ¿Bajo qué referentes humano - culturales y científico – tecnológicos funcionan las unidades educativas del Milenio y las universidades del pensamiento para que la rendición de cuentas sea eficiente? ¿De qué depende la calidad de ciudadanos: de la cantidad de conocimientos o de la calidad de personas? ¿Hay un programa sostenido de formación de profesionales para la educación? ¿Con qué clase de “profesores, no maestros” funciona el sistema, tanto a nivel directivo como operativo? ¿Será posible que a un cirujano plástico, siendo profesional de la Medicina se le encargue una operación de corazón? ¿Es posible que el derecho humano más importante y delicado funcione con aficionados a la educación y sin un perfil socialmente conocido y aprobado? ¿A quién culpar de las deficiencias estructurales y funcionales del sistema: a los trabajadores de la educación que son los docentes, o al Gobierno que debe dar cuentas de lo que está haciendo para la construcción social y del país que todos queremos? A estas alturas no perdamos el tiempo buscando culpable… todos somos culpables y es hora de trabajar por una educación bien planificada, bien instrumentadas, bien dotada y bien tratada, creemos en la capacidad ética y política del nuevo Gobierno.

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