28 de septiembre de 2016 00:00

La educación

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José M. Jalil Haas

La educación, vista como un proceso amplio, completo y diverso, de alta calidad, cuando está bien impartida, es la única herramienta que tiene el ser humano para actuar bien, para administrar, para aplicar justicia de manera imparcial, para progresar y prosperar. No hay posibilidad de alcanzar los objetivos mencionados, cuando la educación que se imparte es mediocre, parcializada, sesgada, ideologizada.

Quienes pretenden, por ejemplo, siguiendo los consejos de Antonio Gramsci, que la educación debe ser utilizada para homogenizar el pensamiento en una sola dirección (en el caso de Gramsci, para garantizar la perennización del socialismo o del comunismo), son criminales intelectuales de la libertad de selección.

Es impresionante como en un mismo movimiento político existan posiciones tan diversas con respecto a la aplicación de conceptos: por un lado dicen que Montesquieu no está escrito en piedra, por otro promueven de manera dogmática la propuesta de Gramsci.
La Educación, concebida como herramienta, debe permitir su uso de acuerdo con las habilidades y preferencias de los individuos.

Toda herramienta debe ser usada de esta manera: según la creatividad de cada individuo. Unos lo hacen con la pluma, otros con las artes, otros con la artesanía, etc. La habilidad de ese uso marca la diferencia entre determinados individuos, no es ni la extracción social, ni el nivel económico, cuando la estructura educativa es la misma.

Esta es, pues, la igualdad entre los hombres, la posibilidad de una educación igual según se describe en el primer párrafo y es la igualdad así concebida la que garantiza un sistema justo, equilibrado.

La humanidad ni la naturaleza jamás basaron sus conceptos en igualdades indiscriminadas, si así hubiera sido, entonces en los regímenes que se auto proclamaron igualitarios, por qué existieron y existen diferencias en las actividades: dirigentes con ciertos privilegios y masas con condiciones pseudo igualitarias.

En una sociedad es necesaria la diversidad, que será producto de las voluntades individuales. Sin esta libertad ¿cómo habrá artistas por vocación y voluntad? ¿Cómo habrá científicos de alto valor? ¿Cómo habrá profesionales que se destaquen?

Por eso debemos apoyar educación igualitaria (de calidad por supuesto) y alertar sobre pretensiones de que esa igualdad sea ideologizada.  

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