16 de diciembre de 2015 00:00

‘Dios nos agarre confesados’

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Francisco Rosales Ramos

Un cordial amigo me decía, al comentar sobre la situación del país, que el Ecuador no necesita políticos sino psiquiatras.
Este recuerdo viene a cuento, al registrar, con asombro, las proclamas del líder en los últimos días.

Sobre las reformas constitucionales impuestas por 99 votos de asambleístas que responden a su sola voluntad: No solo que son buenas para el país, sino que inmediatamente enviará otras “para perfeccionar la Constitución”. Aquella que fue calificada por él mismo como la mejor del mundo y que duraría por 300 años. Y despreciando al 87% de la población que reclama consulta popular para las modificaciones.

Sobre los nuevos impuestos de herencia y plusvalía, que causaron las más grandes manifestaciones de rechazo en ciudades del país y que han paralizado la industria de la construcción con la consecuente desocupación: enviaré próximamente nuevos proyectos para que la Asamblea los apruebe, porque son leyes estructurales que no buscan obtener ingresos para el Fisco, sino remediar las grandes diferencias económicas que acusa la sociedad ecuatoriana. Y decirlo en la sesión solemne del Municipio de Quito, cuya ciudadanía reaccionó duramente en contra de los anteriores proyectos, es una afrenta a la ciudad.

Sobre la represión policial el 3 de diciembre: Reta públicamente a su Ministro del Interior y a la Policía por no reaccionar con mayor dureza (¿todavía más?) en la represión a los manifestantes.

Y, por último, ante el evidente fracaso de su pedido a la OPEP de reducir la producción de crudo para buscar un incremento de los precios, sostiene que la decisión fue geopolítica, para favorecer a EE.UU. Desde luego que el oligopolio petrolero persigue desde su fundación fines geopolíticos, pero quien más se perjudica con los bajos precios del petróleo son las extracciones de esquisto que han convertido a EE.UU. en el primer productor mundial de petróleo. La sobreoferta de crudo, impulsada por Arabia Saudita, tiende precisamente a quebrar la extracción de esquisto. “Dios nos agarre confesados”.

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