6 de febrero de 2016 00:00

La unidad de los ecuatorianos 

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Aurelio Pontón Dávila

Con frecuencia, una amenaza común convoca a la unión de la sociedad. Ante el rumor de un asalto en el barrio, todos los vecinos unidos salen a defender a sus hijos, familias o bienes con esfuerzo adquiridos. Es hora, ecuatorianos, de recuperar lo que es nuestro.

Al acercarse las elecciones, los miembros de la politiquería criolla pregonan como letanías las tendencias consabidas: izquierda, derecha, centro, centroizquierda, centroderecha y……goool; ganaron otra vez los oportunistas. Encaramándose en el poder gracias al voto popular, gobernarán con la misma oligarquía y nos pasarán luego la factura del festejo, al que jamás asistimos.

Pensar que los términos de izquierda política o de derecha política tienen su origen histórico en la Asamblea Constituyente de la Revolución Francesa en la votación de un veto absoluto del Rey, el 11 de septiembre de 1789; es decir, hace 227 años. Posteriormente, derecha o izquierda fueron las camisas de fuerza zurcidas por los imperios triunfadores de la Segunda Guerra Mundial hace 71 años, para dividirse a la humanidad, aboliendo toda clase de nacionalismos.

Desarrollemos la inteligencia e ideología de nuestros intereses. Los pueblos latinoamericanos, colonizados y explotados tienen su propia dialéctica. Inventamos o erramos, no hay atajos ni rutas fáciles para el desarrollo, peor recetas importadas.

Elegimos, como enfermos desahuciados, siempre a las peores opciones, entre el cáncer o el sida, para agonizar con vergüenza.
A despertar la conciencia planetaria, que hasta los muros se cayeron por obsoletos. Las crisis son oportunidades cuando impera la sabiduría. Es momento de sumar, no de restar, de integrar, no de dividir, encontrando aquellos temas de interés compartido como la libertad, el ambiente, el trabajo, la corrupción, la deuda externa, entre otros.

Nuestro voto para el servidor público dispuesto a gobernar en paz a todos los ecuatorianos, armonizando las fortalezas de un Estado ágil y eficiente, con las de una empresa privada, justa y solidaria.

Al administrador equilibrado y honesto que reconozca los aciertos del pasado, pero corrija y sancione los errores, aquel que mantenga un sistema de control y de fiscalización hasta de sus pasos.

Al líder conciliador respetuoso de la Constitución y de la independencia de las funciones del Estado, capaz de recuperar esa democracia imperfecta, falible, humana, pero ética, autocrítica, dispuesta a rectificar oportunamente.

Derecha e izquierda a debate, mientras tanto, son las manos prodigiosas con las que el trabajador ecuatoriano siembra y construye su propio destino, cada día.  

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