12 de septiembre de 2016 00:00

Dolor y precedente funesto

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Guillermo Falconí Morales

Para cuando se publique esta carta, probablemente el Dr. Carlos López Ayala se encuentre en la cárcel. Las presiones político-diplomáticas superaron a la sensatez y el buen juicio. Como había que encontrar un culpable, el médico que intentó salvar a la víctima resultó ser el victimario ya que quien disparó no la mató en el asalto, sino que murió en las manos de quienes lucharon por salvarla. No se trata de una novela de terror, sino de un caso real acontecido en el país hace siete años.

No ha importado el protocolo de atención médica seguido y se habrían ignorado las pruebas que documentan la presencia del médico junto a la víctima todo el tiempo. Al Dr. López no se lo sentencia por mala práctica, sino por “retrasar la atención” a pesar de haber llegado al poco tiempo de haber sido llamado.

Si se menosprecia la pericia y la capacidad del médico, poco importan su honra, sufrimiento y subsistencia de su familia. El Dr. López salvó la vida de mi hermano en el Hospital Carlos Andrade Marín tras realizar una intervención quirúrgica compleja, para la que pocos profesionales están capacitados, cuenta con una vasta experiencia y asumen el riesgo a pesar de la amenaza permanente del COIP. Guardo para tan distinguido profesional gratitud infinita y enorme respeto por su valentía y amor a su profesión.

El Dr. López no ha huido, sigue velando por la recuperación de sus enfermos a pesar de que puede ser apresado en cualquier momento. Los pacientes del IESS que esperaban ser operados por un cirujano de su talla no tendrán la suerte que mi familia tuvo al contar con el concurso del Dr. Carlos. 

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