11 de May de 2014 00:01

Por el día de mamá

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Con motivo del Día de la Madre y su justo homenaje, hablemos de los hijos que son la razón de convertirnos en mamás.
De todos los amores el amor de un hijo es el mejor. Cómo llena el ser su presencia y afecto, esa extensión del propio ser se vuelve hacia uno como el incentivo más grande de la vida. Un hijo es el cúmulo del vivir de muchas generaciones. Un buen hijo tiene lo bueno de sus ancestros, pues lo bueno permanece a través del tiempo, al cuidado de Dios, en un esfuerzo implícito de cada generación. Tal como se preserva la vida se preservan los valores que dan calidad a todo esfuerzo. Por esto el amor de un hijo es un galardón, lleva vida en abundancia arrolladora, es el mejor premio, el compendio de los buenos pasos, de las decisiones acertadas y oportunas, del esfuerzo diario por madurar juntos, del equilibrio de corazón, de una correlación íntima, de una identificación espiritual que a futuro abarca a otras relaciones, es un milagro. Ser madre es ser el centro vital de un ser humano, es quien modela a base de valores y principios que servirán toda la vida. Como alguien sabiamente dijo: "La joya más preciosa que puede tener una mujer alrededor de su cuello son los brazos de su hijo".

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